"No juzgues un libro por su portada". ¿Cuántas veces te dijo eso tu madre? La ironía es que en el mundo de la edición de libros, ¡eso es exactamente lo que ocurre! Pero por supuesto ese no es el punto de la lección de tu madre. Tendemos a juzgar y a etiquetar a las personas basándonos en apariencias superficiales. Y a veces podemos estar realmente muy equivocados.

Un ejemplo reciente de esto. La otra noche mi hija y yo fuimos a ver un espectáculo musical. Teníamos los asientos uno y dos. "Tú toma el dos", me susurró mi hija cuando vio a los habitantes de los asientos tres y cuatro. Junto a nosotras se sentaba un hombre joven, vestido con una apariencia gótica con pelo negro lacio que salía disparado en todas direcciones y todo de cuero negro con broches de metal. Su compañera tenía un color de pelo que definitivamente no era natural y un atuendo similar. Yo me senté en el dos, con mi cuerpo cuidadosamente inclinado hacia el asiento uno.

Teníamos un poco de tiempo antes del espectáculo y mi vecino se levantó para ir a la cafetería. Yo exhalé un poco y me extendí en el asiento, hasta que él regreso, con palomitas en la mano. Me hundí aún más abajo en mi asiento.

Aparentemente, él no notó mi aversión inicial y gentilmente me ofreció un poco de sus palomitas. "Están muy buenas, tienen sabor a queso". En ese momento, el mundo dio un giro.

Avergonzada y humillada por ser tan sentenciosa, rechacé cortésmente y comenzamos a conversar sobre espectáculos de Broadway, estrellas y actuaciones. Fui capaz de ver a la persona debajo de la máscara (una ironía particular ya que íbamos a ver El fantasma de la ópera) y recordé que las palabras de mi madre tenían algo de sabiduría después de todo.

Hay ciertas lecciones que aparentemente tenemos que seguir reaprendiendo. Espero que ésta ya no sea una de ellas.

Y sin embargo, creo que hay una responsabilidad del otro lado también. Nuestra vestimenta si refleja quienes somos. Sí dice algo de la comunidad con la que nos identificamos. Dice algo de cómo queremos que el mundo nos vea. Vestirse "gótico" es hacer una afirmación, confieso que no estoy segura de cual es. Vestirse provocativamente también dice algo de nuestras metas y prioridades (¿Cuántas veces puedo decirles a las jovencitas que si no quieren ser tratadas como un objeto no deberían vestirse como uno?). Y vestirse de una forma modesta y digna dice algo totalmente diferente.

Así que la responsabilidad es doble. Deberíamos vestirnos de una forma que represente con exactitud nuestros valores y que sea consistente con quienes queremos ser y con el mensaje que nos gustaría transmitir.

Y, por otro lado, debemos ver bajo la superficie cuando nos encontramos con otros e intentar encontrar al ser humano detrás, conectarnos con la esencia de lo Divino que reside en cada uno de nosotros.

Punk, gótico, hip, cool, cualquiera sea la moda, recuerda que hay una verdadera persona ahí adentro cuyo contenido es más profundo y mucho más significativo que su portada.