La hija adolescente de mi amiga está en un viaje de la escuela. “Todas las otras niñas están publicando fotografías en Facebook e Instagram o las están mandando por mensajes de texto. Tu no estás haciendo nada de eso”, se quejó mi amiga con su hija. “Quiero ver lo que están haciendo”.

“Pero mami”, respondió la adolescente (más madura que sus pares), “Yo quiero enfocarme en lo que estoy viviendo. Quiero entenderlo y disfrutarlo y no estar preocupada de fotografiarlo y enviarlo”.

Mi amiga se sorprendió, de manera positiva. El comentario de su hija la hizo detenerse y reflexionar. Le señalé a ella —con muchísimo tacto— que la postura de su hija incluso tiene apoyo en el mundo científico. En un estudio conducido por la Doctora Linda Henckel, sus investigadores descubrieron que las personas recuerdan peor los eventos si los viven mientras sacan múltiples fotografías. Esto no les permite involucrarse en el momento.

Yo agregaría que no sólo no les permite involucrarse, sino que además no les permite ‘disfrutar’ el momento. En un esfuerzo por ese elusivo y mal definido fenómeno conocido como “posteridad”, nos perdemos la oportunidad del placer del aquí y ahora. Estamos demasiado ocupados posando y tomando fotos como para simplemente saborear el presente.

Esta es una actitud con la que yo siempre he simpatizado y que he adoptado personalmente en los eventos familiares y ceremonias escolares, con el disgusto de mis hijos (y de las madres filmando videos a mí alrededor). Ellos anticipan frustración en alguna época futura cuando, en un ataque de nostalgia y en ese demasiado breve momento cuando todo esté tranquilo, querrán ver la obra de tercer grado o el recital de danza de quinto grado. Y es verdad, yo no lo tendré, (¡pero incluso si lo hubiese grabado estaría en un video casete que ya nadie puede ver!).

Sin embargo, mis hijos sí podrán conformarse y alegrarse con la idea de que yo estuve ahí, presente, alerta y concentrada solamente en ellos y no en una cámara o un teléfono. No estaba preocupada de que la batería se acabara o jugando con los botones de encendido y apagado.

Es muy difícil estar “en el momento”. O estamos obsesionados con el pasado o estamos agonizando sobre el futuro. Así que, si puedo aprovechar un breve momento familiar, una obra, un discurso, un concierto, un picnic, una tarde en la playa, para estar completamente presente, no quiero distraerme intentando capturarlo en video. Quiero solamente detenerme y disfrutar silenciosamente. Quiero internalizarlo, transformarlo en un recuerdo, para llevarlo conmigo adonde quiera que vaya. Quizás para el próximo evento pueda llevar a la hija de mi amiga conmigo…