Intento disfrutar el momento. Pero no es fácil.

Estoy sentada, veo por mi ventana las rosas floreciendo en los arbustos, los nuevos viñedos comenzando a echar raíces, veo el cálido y brillante sol resplandeciendo… Es hermoso y pacífico, hay una suave brisa en el aire. Intento aferrarme al momento. Pero ºmi mente se va a esos lugares negativos. Esos rosales necesitan ser podados, las hojas de parra atraen ratas, el sol —bueno, todos sabemos los peligros que trae—, y la aparentemente aleatoria preocupación por algunas cuentas sin pagar.

Intento disfrutar el momento. Asisto a la graduación de kindergarten de mi nieto y me emocionan las canciones, los bailes, sus florecientes personalidades y su naciente compromiso con la Torá y con Dios. Entonces mi mente corre a preocupaciones por el futuro: ¿Cómo se llevará con sus maestras el próximo año? ¿Tendrá buenos amigos? ¿Podrá desarrollarse? ¿Será feliz? Y además, ¿debería comerme una rosquilla o no?

Intento disfrutar el momento. Asisto a la graduación de secundaria de mi hija y me emocionan las caras inocentes, llenas de orgullo, esperanza y potencial. Pero mi mente no para de correr. Veo la posible frustración en el futuro por la búsqueda de una pareja digna para el matrimonio, por un ingreso estable, por sus propios hijos. El miedo a lo desconocido. Y además, ¿qué debería preparar para cenar esta noche?

Intento disfrutar el momento. Pero es tan difícil. Hay tantos posibles campos minados adelante, tantos desafíos, anticipados o no, tanta felicidad y tanto dolor por delante. Y además, hay distracciones…

Sé demasiado. Y sin embargo este momento es hermoso y preciado. Un regalo creado especialmente para mí. Como son todos nuestros momentos. Tengo que parar y disfrutar. Puede que no sea posible aferrarse a él, pero al menos debo apreciarlo y no desperdiciar la oportunidad.

No podemos prevenir el dolor. Pero podemos cambiar nuestro foco. Podemos evitar revolcarnos constantemente en emociones improductivas. Podemos rehusarnos a satisfacer nuestras ansiedades, ceder ante nuestro ietzer hará, nuestro yo inferior. Podemos estar agradecidos por todo lo bueno que Dios nos ha dado. Podemos abrazar la oportunidad de crecimiento incluso en lo no tan bueno. Podemos ver la belleza a nuestro alrededor y agradecer. Podemos reconocer potencial e intentar alcanzarlo. Podemos empujar para ser mejores. Podemos enfatizar lo positivo y disminuir lo negativo. La vida es hermosa en realidad.

Mi nieta me hace una seña, me saluda y sonríe. Intento disfrutar el momento.