Parece que no soy la única que está sintiendo el peso de la edad. En un artículo del Wall Street Journal, Stephen Kreider Yoder sacó a su hijo adolescente de la escuela por seis meses para viajar por África. "Tenía una corroyente sensación, a la edad de 53 años, de que mi vida se estaba escabullendo", revela él, como parte de su justificación para el viaje.

Otro artículo exploró la gran alza que se ha producido en “divorcios grises”, el hecho de que la taza de divorcio para las personas mayores de 50 años se ha duplicado en las ultimas dos décadas. No creo que esto sea lo que nuestro gran sabio Hilel quiso decir cuando dijo, "Si no es ahora, ¿cuándo?".

No es una sorpresa que, la tendencia en los divorcios "florece al menos en parte por los 'Boomers' (personas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial) como la primera generación que entró al matrimonio con metas altamente enfocadas en la auto-realización".

Ahora bien, hay por supuesto, una gran variedad de problemas con estas dos estrategias como herramientas efectivas para lidiar con la edad.

Si bien estoy segura que el Sr. Yoder desarrolló lazos con su hijo de 15 años (estoy menos segura de cómo impactó eso a su esposa quien fue dejada en casa), no está claro cómo ese viaje previno que su vida se le escabullera, o si necesitará más viajes – más largos y más exóticos para mantener su corroyente sensación a raya.

Igualmente obtuso es cómo el divorcio puede ser un camino efectivo (ni hablar de apropiado) para la auto-realización.

Finalmente lo que estas dos filosofías parecen compartir es la creencia de que una acción externa, en ambos casos bastante drástica aunque una menos permanente que la otra, alterará sus circunstancias internas.

Este viaje, este divorcio, esta "nueva vida" evitará el envejecimiento y la melancolía que lo acompaña. Es casi una trillada crisis de la mediana edad.

Y no es que nosotros no sentimos lo que ellos sienten. Todos sentimos como nuestras vidas se mueven más rápido que nunca, los años volando, nuestra edad aumentando, la ilusión de control desapareciendo rápidamente.

No necesitamos un cambio de circunstancias; necesitamos un cambio de perspectiva.

Todos estamos asustados y preocupados. No queremos perder o arruinar ninguna oportunidad. Pero no creo que el trabajo que necesitamos hacer involucre a nadie o a nada externo a nosotros. No creo que la tranquilidad mental que estamos buscando desesperadamente llegará de algún logro o éxito externo.

No necesitamos un cambio de circunstancias; necesitamos un cambio de perspectiva. Necesitamos enfocarnos en estar agradecidos por quienes somos y por lo que tenemos. Necesitamos aprender a disfrutar el momento y las bendiciones inherentes. Y necesitamos encontrar la fuerza y la calma interna para seguir adelante a través de la segunda mitad de nuestras vidas.

Parte del secreto (está bien, todo el secreto) es trabajar en desarrollar una relación con Dios, una relación que es más grande que nuestras vidas individuales y que nuestro reducido tiempo en la tierra. Debemos tomar nuestras decisiones seriamente y tomar decisiones que importen mientras al mismo tiempo reconocemos nuestro rol limitado y el gran esquema de la historia judía. Es tanto fortalecedor como liberador.

Siempre es un error pensar que estas vacaciones, esta persona, esta casa, este matrimonio, este trabajo proveerán alguna vez realización.

La verdadera realización viene de tomar decisiones consideradas y de estar en paz con ellas, viene de darle a otros y enfocarse en sus necesidades en vez de en las nuestras y de una relación con lo trascendente. Y esto surge a su vez de tomar conciencia de nuestra propia creación Divina y de nuestro potencial, de percibirnos a nosotros mismos como parte de un pueblo milenario.

Es tentador creer que algo nuevo solucionará nuestros problemas. Es fácil creer que el cambio drástico revitalizará nuestras vidas. Es ciertamente más fácil culpar a alguien por nuestra situación que tomar responsabilidad.

Pero el verdadero crecimiento, el verdadero cambio y la verdadera alegría llegan en incrementos lentos y pequeños. Debemos aprender sobre la paciencia. Debemos construir nuestra sabiduría y experiencia, no tirarla por la ventana y empezar otra vez. La verdadera elección que queremos hacer antes de que sea demasiado tarde, el verdadero "Si no es ahora, ¿cuándo?" es tomar responsabilidad por nuestras vidas y nuestras decisiones y dedicarnos a desarrollar una relación con Dios y Su pueblo. Es el único camino sin remordimientos, el único antídoto para la depresión de la mediana edad, la falta de interés y la adquisición de autos deportivos…