El verano pasado mi marido y yo hicimos un viaje a Italia. Debido a compromisos de negocios teníamos una ventana de tiempo disponible muy específica y limitada. Terminamos pasando Tishá B’Av —el tradicional día de duelo judío por la destrucción de los Templos— en Roma.

Naturalmente, yo estaba dudosa de pasar el 9 de Av en Roma. ¿Por qué Dios había manejado las cosas para que mi emocionante viaje romántico a Italia —por primera y única vez en la vida— comenzara en un día nacional de ayuno y duelo? ¿Está siquiera permitido realizar un viaje en esta época del año en particular?

Resultó ser el Tishá B’Av más poderoso que he vivido.

Comenzó en la tarde anterior a la festividad con una visita al barrio judío. Después de aprender más sobre la relación entre la iglesia y los judíos, la redada de los judíos de Roma en la Segunda Guerra Mundial (estábamos parados precisamente en el lugar en el que ocurrió) y el ataque terrorista a la Gran Sinagoga en 1982, yo entré definitivamente en un estado de ánimo de Tishá BeAv. Nuestra historia cobraba vida frente a nuestros propios ojos.

Luego vino el día de Tishá B’Av mismo. En mi sinagoga en Los Ángeles, bajamos las luces para la lectura de Lamentaciones (Eijá). En la Gran Sinagoga de Roma (después de pasar la revisión de seguridad) a todos nos entregaron velas. La impresionante belleza de la antigua Gran Sinagoga con las titilantes luces de las velas creó el estado de ánimo apropiado. Estábamos suspendidos en el tiempo y el espacio.

Luego vino el canto de Lamentaciones, estilo judío romano, perforando hasta lo más profundo. Caminamos de regreso a nuestro hotel, abrumados por la carga emocional, sin poder hablar o procesar por completo la experiencia.

Esta es la ciudad donde el arco de Tito representa a los romanos llevándose las preciadas vasijas del Templo. Esta es la ciudad y la nación que simbolizó y encarnó la catástrofe de Tishá B’Av.

La tarde siguiente tomamos un tour “con orientación judía” del Coliseo. Los logros arquitectónicos y mecánicos de los romanos nos dieron perspectiva sobre quienes fueron (¿son?) nuestros enemigos, su inteligencia, su creatividad, su poder (y quizás sobre porqué nuestro patriarca Itzjak quiso darle su bendición a su hijo Esav, el progenitor de Roma). ¡Fue una lección disponible solamente a través de una de esas experiencias en que “tenías que estar ahí”!

Hizo mucho calor aquel día de julio en Roma y no tuvimos ningún problema en sentir el malestar prescrito para el día. Cuando Tishá B’Av acabó regresamos al barrio judío para romper nuestro ayuno. El barrio judío ha revivido y ha sido revitalizado, ¡y así nos sentimos también nosotros después de nuestra elegante cena italiana! (Y mencioné el delicioso postre que compramos, ¡una mezcla de masa, fruta seca y nueces llamada pizza judía!)

Al igual que el pueblo judío, después de años de pruebas y sufrimiento, el barrio judío tiene hoy nueva vida y energía. Miramos alrededor y sentimos destellos de esperanza, de nuevos comienzos. Rezo para que mi esperanza no haya estado mal puesta y que este día de duelo se convierta finalmente en un día de regocijo.