"Los Cambios en el Estilo de Vida Pueden Reducir el Riesgo de Alzheimer" dice el titular. Aparentemente, "un nuevo análisis teórico encuentra que alrededor de la mitad de los factores de riesgo para el Alzheimer son potencialmente cambiables…". Algunos de estos factores incluyen diabetes, presión alta, obesidad, fumar, conducta sedentaria, depresión y bajo nivel educacional.

Esa es una noticia fabulosa. El Alzheimer es una enfermedad horrible y atemorizante. Realmente no hay palabras para describir adecuadamente lo que significa ver a un ser querido batallando en contra de ella – verlo vivir sin sus facultades.

Mi padre falleció hace unos meses por complicaciones relacionadas con Alzheimer. Así que este estudio parece como un increíble paso adelante, un sensacional alivio. Podemos realizar elecciones de estilo de vida que prevendrán nuestro desarrollo de Alzheimer. Fantástico.

Pero espera, advierte el articulo, "En realidad, las causas del Alzheimer aún no están claras, y no se ha comprobado que dejar de fumar, por ejemplo, disminuye en realidad el riesgo de padecer demencia". La información no es tan directa como parece. No tenemos tanto control como pensábamos.

Y eso, creo yo, es el punto. Incluso si llegamos a encontrar una cura para el Alzheimer, otra enfermedad aparecerá. A pesar de todo nuestro progreso y nuestra investigación y nuestras soluciones, parece siempre haber una nueva enfermedad en el horizonte.

Y yo pienso que siempre habrá. Porque creo, basada en ninguna evidencia o fuente, que la enfermedad es un mensaje para nosotros. Pienso que se nos está diciendo, "No estás en control". Por supuesto que debemos hacer nuestra parte; debemos hacer nuestro esfuerzo. Si el ejercicio ayuda, deberíamos hacer ejercicio. Si la dieta ayuda, deberíamos cuidar lo que comemos (“todo en moderación”, incluyendo chocolate y helado es una buena regla). Deberíamos tomar precauciones razonables. Esa es nuestra responsabilidad.

Pero nada de lo que hacemos es una garantía. Nada es una panacea. Nada es mágico. Esto asegura que nunca perderemos de vista el hecho de que Dios está a cargo.

Tenemos un deseo muy fuerte de estar en control. Recurrimos al ejercicio más novedoso (¿es Pilates, spinning o Zumba?) o dieta (¿es South Beach o Atkins o linaza?). Nos inscribimos en el último seminario de metas de vida o visitamos al médico más caro. Todo en búsqueda de esa escurridiza llave a la inmortalidad. Nos convencemos de que si seguimos un cierto régimen nunca nos ocurrirá nada. Incluso nos volvemos supersticiosos en nuestro desesperado deseo de tener control.

Esta actitud hace que la caída sea mucho más fuerte y que el aterrizaje sea mucho más difícil cuando la vida nos presenta sus inevitables desafíos. Nos deja desconcertados y devastados cuando, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, nos golpea alguna enfermedad. Y nos deja sin ninguna de las herramientas necesarias para contraatacar.

Nos iría mucho mejor si renunciáramos a nuestra ilusión de control. Mantenerte despierto durante todo el vuelo no te convierte en el piloto. Debemos aceptar que todo está en las manos de Dios. De hecho es bueno para nosotros tener que acudir a Él por consuelo, por seguridad y por perspectiva.

La enfermedad obviamente imparte lecciones específicas al individuo que la contrae y a sus seres queridos. Pero también tiene un mensaje general para el resto de nosotros. Por supuesto que tenemos que trabajar para encontrar la cura, es una meta noble – pero pienso que es poco probable que vayamos a erradicar las enfermedades por completo hasta que aprendamos la lección de Quién está en realidad a cargo. Si entendemos esto, seremos capaces de alegrarnos completamente por estos titulares de los periódicos.