Me siento más triste de lo habitual de que Pésaj haya terminado. Este año siento que le dio verdadero foco y significado a mis días, verdadera esperanza y, la verdad, verdadera distracción en vista de los eventos que nos rodean.

Pude canalizar mi energía y ansiedad en los preparativos para Pésaj. Pude concentrarme en la festividad y sumergirme más profundo en su significado particular, debido a los desafíos que enfrentamos. Dicté más clases sobre el tema y lo pensé de formas nuevas, interesantes y, espero, con potencial para cambiar mi vida.

Ahora que Pésaj terminó, ese foco intenso se diluye. Será una pérdida y me preocupa cómo llenar ese vacío. Porque, a diferencia de los años anteriores, no regresamos a nuestras rutinas habituales. Y en ciertos aspectos, espero que nunca regresemos. No que no abran los comercios ni que haya desempleados, ni que no vuelvan a comenzar las clases. Pero espero que yo (y todos) emerjamos cambiados de este proceso.

Espero que la experiencia “a solas” (y no solitaria) de este Pésaj nos permita focalizarnos más en la historia y su significado y menos en lo que pasa en la otra punta de la mesa y quién terminó la última porción de carne.

Espero que las celebraciones más pequeñas de bodas y bar mitzvás nos permitan reflexionar sobre la belleza simple de estas celebraciones y en el futuro tomar decisiones más importantes respecto a cómo distribuir nuestros recursos.

Espero que la falta de las plegarias comunitarias nos ayude a comprender cuán importante es rezar en una sinagoga y nos recuerde que no queremos desperdiciar esa oportunidad diaria de conectarnos con el Creador del mundo para en cambio discutir con nuestro vecino sobre nuestras acciones en la bolsa de valores. (¡Espero que sigamos teniendo acciones en la bolsa para discutir con nuestro vecino!)

Espero que tener a los niños en casa en vez de en la escuela nos lleve a sentir mayor frustración por no pasar más tiempo con ellos en el día a día, es decir a valorar nuestro tiempo con ellos. Espero que aprovechemos el tiempo para educarlos sobre las ideas y conceptos realmente importantes, tanto con nuestras palabras como con nuestros actos. Y que les demos un abrazo adicional, sin importar cuán difícil sea el día.

Espero que al trabajar desde casa con todas sus tensiones y momentos cómicos, recordemos que somos afortunados de tener un trabajo y que somos capaces de ser creativos en nuestras estrategias para ser productivos y efectivos.

Espero que aprovechemos este tiempo para aprender y crecer, para no desperdiciar la oportunidad.

Cuando termine la orden de “quedarse en casa” quiero tener una lista de logros. Quiero haber aprendido, quiero haber crecido, quiero haber trabajado sobre mi carácter y haber profundizado mi relación con Dios. Pero eso no ocurrirá si no tomo una decisión y no acepto un compromiso. No ocurrirá si no planifico con cuidado una estrategia. No ocurrirá si no planifico mis días y si no me apego a mi plan. No ocurrirá si no rezo a Dios pidiendo Su ayuda.

Llegamos al final de Pésaj y ya hace una semana que comenzamos a contar el ómer. Este es el momento de recorrer nuestro camino individual hacia el Monte Sinaí y esforzarnos para internalizar lo que entendimos en este Pésaj singular.