Januca celebra muchas cosas diferentes incluyendo la victoria de los pocos sobre los muchos, el triunfo de lo sagrado sobre lo profano, la necesidad de luchar contra la asimilación y el milagro del aceite.

Pero lo que yo creo que Januca representa finalmente es esperanza. Y esperanza es algo que necesitamos ahora más que nunca (o al menos tanto como siempre).

Esta ciertamente no es la primera vez en nuestra historia en que el mundo se ve como un lugar sombrío. Pero creo que hay un sentido más profundo de desesperación y desaliento esta vez. Creo que quizás nuestra confianza es más débil, nuestra voluntad ha disminuido, nuestras defensas se han agotado, y nuestra apatía es incontrolable.

Incluso la época conspira para deprimirnos con sus cielos grises y un clima sombrío.

Pero ahí llega Januca para sacarnos de nuestra desesperación, para reencender nuestra esperanza, para recordarnos Quién está dirigiendo el espectáculo.

Así como el alivio que sentimos al ver el amanecer después de una larga, oscura y solitaria noche, Januca literalmente ilumina con su luz la oscuridad de nuestras almas cuando nuestro pueblo está en aprietos.

¿Cómo es Januca un mensaje de esperanza?

Todo el mundo parecía estar en contra del pueblo judío en aquella época. ¡Incluso el pueblo judío parecía estar en contra del pueblo judío! La civilización griega brillaba. “Nosotros somos el futuro; vengan a unirse a nosotros”, les decían. Y muchos lo hicieron. Pero, como todos sabemos, un pequeño grupo de judíos liderado por los macabeos se levantó en protesta.

En teoría, la batalla parecía imposible. Un desharrapado ejército judío en contra de los poderosos griegos. ¿Una religión “anticuada” en contra de la modernidad y el humanismo? Y sin embargo ellos perseveraron y, con la ayuda de Dios, ganaron la batalla. Si hubieran perdido la esperanza, ninguno de nosotros estaría aquí hoy.

En teoría, un solo jarro de aceite puro no era suficiente para consagrar nuevamente el Templo. Necesitábamos que el aceite durara ocho días (tiempo suficiente para producir más aceite) y no uno. Y sin embargo el aceite duró… y duró… y duró. La luz de nuestra esperanza se reflejó en la luz del Templo.

El pueblo judío podría haberse dado por vencido, y hubiera tenido sentido (ciertamente si te adhieres a la filosofía griega). Pero nosotros sabíamos que había esperanza. Y también sabíamos que teníamos que actuar acordemente. Nosotros sabíamos que Dios prometió que incluso cuando la espada cuelga sobre nuestras cabezas nosotros no debemos darnos por vencidos. Y así, encendimos con ese pequeño jarro, encendimos esa provisión para un día. E iluminó nuestras vidas, hasta hoy.

Como dije, el mundo parece oscuro. Atentados terroristas en nuestras sinagogas. Desafíos psicológicos amenazan nuestros hogares y el antisemitismo está en alza. Sería fácil hundirse en la depresión; es tentador desesperarse.

Pero Januca está aquí. La esperanza está en el ambiente. Las luces de nuestra janukiá nos recuerdan que Dios nos cuida. Al publicitar los milagros recordamos Quién está a cargo. Y sabemos que así como Él cuidó de nosotros en aquellos días, así también Él cuidará de nosotros ahora.

Por eso giraré el sevivón, comeré latkes (también sufganiot y mi nueva delicia de Januca ¡pollo frito!) y recitaré mi bendición de shejeianu con fervor. Estamos agradecidos con Dios y confiados de que Él cuidará a su pueblo.

Quizás nos olvidamos de Sus bondades hacia nosotros. Quizás nos distraemos un poco con nuestros desafíos diarios. Quizás nos desanimamos un poco cuando leemos el periódico o escuchamos las noticias.

Pero Januca está aquí para recordarnos: Un gran milagro ocurrió allí. Y podría ocurrir nuevamente. ¡Feliz Januca!