Leí dos líneas interesantes en un artículo sobre el Presidente Obama (no se asusten, ¡este no va a ser un artículo político!)

Al delinear posibles razones para su limitado esfuerzo en relación a un asunto en particular, sus socios citan, entre otras cosas, compromisos familiares, agregando que en la casa de la familia Obama la cena familiar de las 6:30 p.m. es “sagrada” la mayoría de las noches.

El final del artículo suena un poco más optimista y sugiere que Obama tiene ahora un poco más de libertad para pasar más horas en el trabajo. “Ahora que mis hijas están más grandes, ellas de todos modos no quieren pasar mucho tiempo conmigo”, dijo el señor Obama.

Parece ser que incluso el Presidente de los Estados Unidos no puede tenerlo todo. Esto demuestra que este no es un problema sólo de las mujeres, sino que los hombres trabajadores y exitosos también tienen elecciones que hacer... y un precio que pagar.

Yo respeto la idea de que la cena de las 6:30 p.m. sea sagrada; nosotros tenemos una actitud similar hacia la cena en nuestra casa y si mi esposo llega unos cuantos minutos tarde, todo el mundo está un poco indignado. Pienso que el tiempo de cena familiar habitual es una experiencia importante que estabiliza y forja lazos entre padres e hijos (¡especialmente si no puedes lograr que tus hijos se queden en la mesa después de que han terminado de tragar rápidamente la comida!).

Pero mi esposo no es el Presidente y no estoy segura que ese cargo no requiera un mayor sacrificio de tiempo familiar. Este es el conflicto de cada hombre. Conozco un hombre de negocios muy exitoso que pasó cerca de 25 años construyendo su fortuna, poder y reputación. Cuando todo esto estaba asegurado, se dirigió a su esposa, “Ahora puedo relajarme un poco y podemos pasar tiempo juntos”.

“Fácil para ti decirlo”, respondió ella, “pero yo ya construí una vida propia mientras tú estabas trabajando todas esas horas. Y no hay espacio para ti en ella”. ¡Auch! Sí, todos pagan un precio.

Este problema recibe difusión como una lucha únicamente femenina (algo que las feministas realmente comprometidas, con la determinación adecuada, deberían poder resolver, o al menos esa es la política del partido). Pero el balance trabajo/familia es un problema humano y la solución es complicada... o quizás no.

Quizás se trata de definir tus prioridades, y de aceptar las consecuencias de tal elección. El tiempo no es elástico (¡y nosotros tampoco!). Simplemente no es posible tener una carrera exitosa y pasar una cantidad significativa de tiempo con tu familia. No a menos que haya más horas en tú día que las que hay en el mío.

Tú decides que necesitas la carrera, y la satisfacción, el poder, el prestigio y el ingreso resultante de ella, y que estás dispuesto a sacrificar algo en términos de tu relación con tus hijos para lograr eso. No te estoy diciendo lo que está bien o mal. Solamente estoy sugiriendo que algo (intangible quizás, sutil quizás) se perderá.

Y lo mismo es cierto desde el otro lado de la moneda. Si haces de tu familia la prioridad, tus logros profesionales serán más limitados. Tienen que serlo. No puedes estar disponible para un niño enfermo y para un empleador demandante al mismo tiempo. No puedes ayudar a tu adolescente con su ensayo de inglés y estar al teléfono con tu colega en Singapur simultáneamente. No puedes (como vi una vez) subirte a un juego en un parque de diversiones con tu hijo y tener un teléfono celular pegado a tu oído. Bueno puedes, pero no te engañes pensando que cuenta como tiempo de calidad con tu hijo.

No es todo o nada. Debe existir un balance. Un punto medio es ciertamente posible. Pero requiere reevaluar ya sea tus expectativas profesionales o tu tiempo familiar. Con todo esto en mente, creo que es posible compatibilizar una carrera satisfactoria con una gratificante vida familiar. Pero probablemente no deberías postularte para presidente…