Scott Adams, el famoso creador de la tira cómica Dilbert, tiene un consejo de negocios que va en contra de la sabiduría popular: “Olvídate de la pasión”. ¡No persigas tu felicidad! Él enfatiza la idea con, que más, una tira cómica por supuesto.

En ella aparecen dos hombres con animales en su cabeza, sosteniendo un cartel que dice “SOMBREROS PARA CERVEZA DE TAXIDERMIA $3.99”. La leyenda dice, “Quizás la próxima vez no deberíamos seguir nuestra pasión”. Supongo que tienes que verlo…

Las personas que siguen su pasión frecuentemente terminan sin hacer nada, ya que esperan hasta estar emocionalmente excitadas y comprometidas (esta es una de las cosas que más me molestan) e incluso cuando lo intentan, sostiene el Sr. Adams, frecuentemente no logran nada tampoco.

El éxito, de acuerdo al Sr. Adams, es una combinación de suerte (o lo que podríamos llamar intervención Divina) y trabajo duro. Necesitas un plan de negocios. Necesitas un capital. Necesitas empleados leales y de confianza. Necesitas trabajar mucho. No suena tan excitante. Pero es la clave para el éxito en los negocios.

Un hombre joven que conozco pudo retirarse recientemente en base a las ganancias que obtuvo al vender su compañía. “Huau, realmente te ganaste la lotería”, dijo un amigo sorprendido. El hombre se ofendió. Este dinero no había venido de la nada; no fue un regalo fortuito. Él había invertido largas horas de trabajo con gran sacrificio personal (sin mencionar el sacrificio de su esposa e hijos).

De acuerdo a Scott Adams, la pasión no conduce al trabajo duro y al éxito. De hecho, lo opuesto es verdad. El trabajo duro y el éxito conducen a la pasión. Es una variación de la trascendental idea judía “Cuando das, entonces te importa”.

Si pones de ti mismo en una compañía o en una idea, si trabajas duro, si piensas en ella y haces una estrategia y desarrollas el producto o el negocio, entonces llegará a importarte profundamente. Estarás apasionado.

Esta idea sirve para todo en la vida. Invierte en tu matrimonio, en tu pareja y llegará a importarte profundamente. Sí, tu pasión aumentará.

Por supuesto que esto es verdad con nuestros hijos también, pero es tan instintivo que no es necesario que nos lo digan; estamos experimentando constantemente los resultados.

Sirve para todas nuestras relaciones. Entregamos y nos importa. Invertimos y trabajamos duro y nos volvemos apasionados. Encontramos nuestra “felicidad”.

Y es cierto incluso en cuanto a nuestra relación con Dios. Puede que no nos sintamos apasionados (ciertamente no siempre). Puede que no estemos de ánimo para rezar o hacer mitzvot o trabajar en nuestra relación con Dios. Puede que pensemos que la pasión debiera venir primero. Entonces rezaremos, seguiremos los mandamientos y trabajaremos en nuestra relación con Dios con entusiasmo. Pero, como expliqué antes, aquí también, es al revés. Cuando das, entonces te importa.

Cuando rezamos, cuando hacemos mitzvot, cuando trabajamos en nuestra relación con nuestro Creador, estamos forjando y profundizando nuestra pasión. Ese es el orden correcto de las cosas.

Y si bien el señor Adams puede haber ganado millones de dólares a partir de sus tiras cómicas, su entendimiento de esta crucial idea judía —que dar lleva a que te importe, que el trabajo duro conduce a la pasión— puede ser quizás su éxito más grande.