Me siento como un cliché caminante. Me estoy acercando a un cumpleaños grande (en realidad faltan todavía tres meses, pero ¿quién está contando?) y me estoy sintiendo completamente abrumada. No recuerdo haber vivido nada como esto, ¡aunque un lector astuto podría sorprenderme y señalar que escribí las mismas cosas hace diez años! Quizás lo hice. ¡Estoy demasiado vieja para recordar!

Pero definitivamente se ha puesto más intenso. Todos los clichés, algunos sabios y algunos tontos, sobre el proceso de envejecimiento se están reproduciendo en una cinta que se repite constantemente en mi mente.

Pero no todo es estereotipos y tonterías. Hay una realidad en envejecer.

No es solamente el hecho de que las cosas no parecen funcionar de la forma que solían hacerlo y que mi esposo sigue preguntándome si vine con garantía (!), es la subyacente inminencia de la muerte (por favor Dios, ¡no hasta los 120!) que le da forma a mis emociones y acciones diarias.

Cuando Dios acabó de crear el sexto día, la Torá dice “Y fue muy bueno”. No solamente bueno como el resto de los días, sino muy bueno. ¿Qué lo hizo tan bueno?

Una respuesta que dan nuestros sabios es la creación de la muerte. Que ciertamente no sería nuestra primera reacción instintiva. ¿Por qué la muerte es muy buena?

Porque, paradójicamente, nos hace reales con la vida. Nos recuerda que no podemos seguir procrastinando; si queremos lograr algo es mejor que lo hagamos ahora. Aunque nadie sabe cuánto tiempo tenemos en realidad, a medida que envejecemos, ¡definitivamente se acorta!

Así que, con el mes de Elul acercándose y ese gran cumpleaños acechando, me encuentro confrontando una cierta filosofía de ahora o nunca, un carpe diem por así decirlo.

Hay diferentes formas de hacer esto. Puedo decidir visitar cada país al que no he viajado, cenar en cada restaurante (kosher) que no he probado; puedo intentar agarrar la vida por los cuernos y empaparme de sus placeres físicos.

No piensen que no me tienta. Pero mientras viaje – y ciertamente cenaré en un restaurante o dos (¿alguna recomendación?), ahí no es realmente en donde está mi foco. Si quiero ser una persona amable, ahora es el momento de mejorar mi juego. No quiero ser conocida como alguien que cuenta chismes, ahora es el momento de parar. Si quiero ser una mejor esposa y madre, los momentos se están haciendo más fugaces y el momento de actuar es ahora.

Es casi Elul, Rosh Hashaná créanlo o no, está a la vuelta de la esquina, y es casi mi cumpleaños. Pero no es casi el momento de cambiar. No es casi el momento de trabajar en crecer. No es casi el momento de romper con mis malos hábitos. No es casi el momento de mejorar mi carácter. Es el momento ahora mismo.