Llegamos a elul, el mes hebreo previo a Rosh Hashaná. Es ese momento del año en el que pensamos: "¡No puedo creer que ya llega Rosh Hashaná!". Es muy difícil cambiar de marcha entre la mentalidad "perezosa de los días de verano" y comenzar a prepararse para el Día del Juicio.

A pesar de nuestra desgana, es hora de tomar las riendas y hacer un serio balance espiritual. Cuando comienzo a hacerlo, tiendo a sentirme un poco agobiada. Simplemente hay que corregir demasiadas cosas: cualidades personales que hay que desarrollar y cualidades personales que hay que eliminar, relaciones que hay que profundizar y relaciones que hay que dejar que se diluyan, tratar de conectarse con Dios y ser más espiritual.

Necesito comenzar por alguna parte, así que me pregunto a mí misma: ¿En mi vida hay algo bueno que doy por sentado, algo en lo que no trabajo lo suficiente, un área en la cual mi crecimiento pueda marcar una diferencia real? Sorprendentemente (O tal vez no tan sorprendente), decidí enfocarme en mi matrimonio. Por las mismas razones planteadas en estas líneas. Porque no pienso que necesito hacerlo. Porque soy culpable de darlo por sentado. Porque simplemente asumo que está bien y lo ignoro para trabajar en otras cosas. Y ese es un camino peligroso.

Comencé a hacer una lista de las cosas que él hace por mí y a agradecerle por eso.

Al comienzo mi esposo se sorprendió un poco (lo cual no habla en mi favor), pero después se sintió gratificado. Todo el mundo desea ser valorado y nuestro marido más que nadie. No importa que en un primer momento no era espontáneo. Lo que importa es que lo dije.

Durante este proceso de reflexión, comprendí que tengo un mal hábito (uno de tantos): desdibujar el bien que él hace por mí. Si él me dice: "Te compré esta bella casa al lado de la costa", yo le respondo: "No lo hiciste por mí, lo hiciste por nosotros". Si él me dice: "Acabamos de tener unas bellas vacaciones", le respondo de forma similar: "Eso no fue sólo para mí. Tú también las disfrutaste". No es que no sea verdad, pero no es la respuesta completa, que es un simple y entusiasta "muchas gracias". ¿Yo me beneficié? Sin duda. ¿Parte del objetivo de mi esposo es brindarme placer? Claramente. Por lo tanto, debo decirle gracias.

A veces olvidamos prestar atención a las cosas buenas que hace nuestro esposo. A veces eso queda enterrado debajo de la avalancha de pagos de la hipoteca, ocupaciones con los niños y otras tensiones. Pero sigue estando allí. Todas esas maravillosas cualidades que vimos cuando estábamos recién casados siguen presentes. Simplemente dejamos de prestarles atención; dejamos de valorarlas.

Por lo tanto, al comenzar el mes de elul, asumo el compromiso de enfocarme más en el crecimiento y voy a comenzar a trabajar en mi matrimonio, potencialmente el área más simple y más difícil de todas. Y dentro de mi matrimonio, voy a empezar a valorar. Voy a trabajar para cambiar mis respuestas instintivas. Me voy a enfocar en expresar mi valoración por mi esposo.

Y dado que cambiar incluso un pequeño aspecto de nuestro carácter requiere muchísimo esfuerzo y determinación, le pido a Dios que me ayude. Sé que Él desea ayudarme; sólo estaba esperando que yo se lo pidiera.