¿Cuánto compartir es, como dicen, “demasiada información”?

¿Es el antiguo administrador de la Agencia de Administración de Servicios Generales del Borde Pacífico publicando una foto de sí mismo en una bañera con una copa de vino tinto durante su viaje a Las Vegas? (¡es casi divertido decidir qué aspecto de esta foto es el más perturbador!) ¿Es Roseanne Cash (la hija de la famosa cantante) mandando un mensaje en Twitter a sus 43.000 y más seguidores sobre los desafíos de su matrimonio? ¿Lo son las fotografías de la elegante cena gourmet que tu amiga hizo anoche que seguramente nos pone al resto de nosotras en vergüenza? ¿Lo son las fotografías de tus exóticas vacaciones? (Nosotros nos quedamos en casa y reparamos el techo pero estamos felices de que tú disfrutaste – en serio). ¿Es posible que incluso solamente fotografías de nuestros hijos?

Casi cualquier cosa podría calificar, dependiendo del contexto y de la audiencia.

Comenzamos nuestro rezo matutino con la bendición dicha por un profeta no judío, Bilaam, "Cuán buenas son tus tiendas, oh Yaacov, tus moradas, oh Israel". Él no estaba alabando nuestras habilidades de acampar o nuestros talentos artísticos. Lo que él notó, sugieren los comentaristas, fue el sentido de modestia y privacidad inherente en la estructura de la comunidad. Las puertas de las casas no se enfrentaban unas a otras. Lo que ocurría adentro no era para compartir, no era asunto de nadie más, era privado y sagrado. Un sentido de dignidad era preservado.

Hoy en día, dondequiera que miremos, lo opuesto es verdad. Hemos abierto las puertas y levantado las persianas, revelando todo al mundo exterior – sin un segundo de pensamiento o un momento de vergüenza. Nadie se detiene a pensar si es apropiado.

¿Cómo podemos preservar nuestro matrimonio si le contamos a 43.000 extraños nuestros conflictos internos?

Hemos olvidado que nuestro hogar y nuestra familia son algo especial, algo que debemos resguardar y preservar. Hemos dejado de notar que algo preciado se ha perdido con cada nueva invasión a nuestra privacidad.

Los ejemplos más notorios son los más adecuados para aprender una lección. ¿Cómo podemos preservar nuestro matrimonio si estamos dispuestos a contarle a 43.000 extraños sobre nuestros conflictos internos? Sin mencionar el hecho de que en la conciencia judía, avergonzar a alguien en público es equivalente a matarlo (¡nuestras cárceles hoy en día no tienen ni cerca del espacio suficiente para todos los culpables!).

¿Cómo podemos mantener una relación saludable con nuestros hijos si revelamos sus debilidades para que el mundo entero las vea – en nuestro programa diario de televisión, en nuestra columna de periódico, o en nuestro blog?

Y lo más importante, ¿cómo podemos mantener nuestro propio sentido de dignidad si todas nuestras experiencias de vida, todos nuestros pensamientos y objetivos más íntimos junto con cada impulso momentáneo son expresados en nuestra pagina de Facebook? Facebook parece tener la sospechosa distinción de convertir al exhibicionismo y al voyerismo en algo socialmente aceptable.

Daniel Henninger del Wall Street Journal sugiere que hemos perdido todo sentido de discreción tanto como muchas otras características cruciales y valiosas:

"La discreción, antes de su reciente fallecimiento, tenía muchos aliados – juicio, sentido común, prudencia, reserva, auto-control y auto-disciplina".

Yo me aventuraría más allá. La discreción es un aspecto de la modestia. En medio de servir al cuerpo, hemos perdido nuestras almas. Hemos dejado de pensar antes de hablar. Hemos cesado de examinar cuidadosamente nuestras palabras antes de utilizarlas. Ya no nos preocupamos sobre el exceso material o la indulgencia corporal. Hemos dejado de intentar preservar nuestro núcleo interno. Cuando todo es público, como diría mi esposo, "Ya no hay nada ahí adentro". Hemos perdido contacto con nuestras almas. Hemos perdido la pista de lo que es realmente importante y de quién importa más.

Aparentemente las parejas jóvenes ahora están negociando reglas de medios sociales – qué está bien compartir y qué no. Esto debería ser obvio, pero hemos perdido perspectiva. Tradicionalmente, mientras más preciado era algo, más queríamos protegerlo – y viceversa.

Vivimos en el mundo al revés, en donde los detalles personales más importantes son revelados casi antes de decir hola – y frecuentemente en televisión abierta.

Pero no tenemos que participar. Podemos dar un paso atrás. Podemos construir algunas barreras. Podemos intentar dejar Facebook y Twitter y Pinterest y todos los medios sociales fuera de nuestros matrimonios y vidas personales (¡los reto a hacerlo!). Podemos construir nuestro mundo interno y tener la confianza de que puede resistir los golpes del externo.

No deberíamos escribir un post o un tweet sobre nuestros matrimonios. Eso simplemente vulgariza y desvalora esta santa institución. Avergüenza a nuestras parejas. Y no deberíamos escribir un post o un tweet sobre nosotros mismos. Deberíamos tener demasiada dignidad y autoestima como para invadir nuestra propia privacidad de esa forma. Si realmente pudiéramos ejercitar y promover este nivel de restricción, cambiaríamos la sociedad. Cierto, algunas revistas podrían ir a la quiebra y algunos programas salir del aire pero el discurso público estaría en un nivel más alto y todos podríamos redescubrir nuestros centros espirituales.

Nuestros ancestros sabían cómo vivir. Necesitamos buenas tiendas y viviendas – no solamente como albergue, sino para preservar nuestra humanidad esencial y nuestra visión de nosotros mismos.