Me gustaría no leer más las noticias (¡pero esos ejecutivos de marketing hacen bien su trabajo y los titulares son tan atractivos!). Es tan triste y deprimente. Esta mañana cometí el error de leer un titular en mi bandeja de entrada al comienzo del día: “Corte de la UE quita a Hamás de su lista de organizaciones terroristas”. Yo pensé que ya lo había visto todo, pero parece que el mundo puede caer incluso más bajo. Uno pierde la esperanza. Las cosas ciertamente se ven desalentadoras.

Parece superficial mencionar todos los ejemplos: desde la masacre de Har Nof a las noticias sobre Rusia invadiendo a Ucrania, el terrorismo talibán, etc… nadie publica historias “para sentirse bien” y luego de leer detenidamente los titulares, yo ciertamente no me siento energizada y optimista.

Pero luego me recuerdo a mí misma que es Januca y que esta no es la primera vez en la historia que las cosas se han visto desalentadoras para el pueblo judío. Las probabilidades estaban ciertamente en contra de los macabeos, en todo aspecto, incluso muchos de sus compañeros judíos se habían dejado seducir por el encanto de la cultura griega. Se sacrificaron cerdos en el altar del Sagrado Templo. Si hubo alguna vez en la historia una época para perder la esperanza, esa fue definitivamente la época de la historia de Januca.

Y sin embargo, un pequeño grupo de judíos luchó en contra de la oscuridad. Sus métodos fueron físicos; su meta espiritual. Y ganaron, regresaron la luz al mundo, una luz que celebramos hasta hoy en día, una luz que debiera levantarnos a todos en esos momentos de desaliento; la luz de la menorá, la luz de la sabiduría, la luz de la Torá, la luz de la esperanza.

Después de que el primer hombre, Adam, violó la orden de Dios al comer del Árbol de la Sabiduría, él se dio cuenta que el mundo a su alrededor comenzó a hacerse más oscuro y los días más cortos. Él temió que el mundo estaba acabándose debido a su desobediencia. Él sintió esa primera desesperación. Luego algo inesperado ocurrió. Los días comenzaron a hacerse largos otra vez, el sol brilló más fuerte y por más horas. El mundo no estaba para nada acabándose. Se renovó la esperanza.

Esta esperanza brilla fuerte en la luz de las velas de Januca. A medida que las llamas titilan más altas, ellas encienden nuestras almas y nos ayudan a reconocer lo que podría ser y lo que será, y no lo que es. ¿Por qué tanto alboroto por el milagro del aceite? Ciertamente un Dios que puede crear todo un mundo, que puede crear el milagro del nacimiento por ejemplo, ¿podría hacer durar un frasco de aceite por ocho días?

No es la habilidad de Dios de hacer esto lo que celebramos; es el recordatorio de que Él nos apoya. Necesitamos esas luces de Januca para ayudarnos a interiorizar el mensaje de que Él está siempre ahí para nosotros, incluso en los momentos más oscuros, ya sean personales o nacionales. Necesitamos esas luces de Januca para reforzar lo que el Rey David escribió en los Salmos, que la salvación de Dios viene en el pestañar de un ojo. Necesitamos esas luces de Januca para elevarnos fuera de lo material y lo finito, hacia el mundo de lo espiritual.

Mientras observamos las velas titilar (un mandamiento particular para las mujeres que no tienen permitido trabajar durante la primera media hora después del encendido de las velas, ¡no hay excepciones para freír latkes!) nos tomamos un momento para reflexionar sobre nuestra habilidad de encender almas, las nuestras y las almas de aquellos que queremos. Sí, el mundo es oscuro pero nosotros tenemos el poder de iluminarlo.