Las personas que definen el matrimonio como “romance” tienen más probabilidades de poner sus propias necesidades por sobre las de la pareja y tienen 1,5 veces más probabilidades de divorciarse. Estos son los hallazgos del Proyecto Matrimonio de la Universidad Nacional de Virginia. Y concuerdan perfectamente con la regla “cuchi-cuchi” de mi esposo. En su experiencia, las parejas que son más demostrativas físicamente en público (¡y que se llaman con sobrenombres cursis entre ellos!) – ya saben a qué me refiero – tienen la tasa más baja de éxito matrimonial.

¿Por qué?

Yo creo que hay unas cuantas razones para explicar esto.

Una razón es que frecuentemente toda la demostración pública es exactamente eso – una actuación para la audiencia. No se trata de lo que siente el uno por el otro; se trata más de cómo el mundo los ve a ellos. "Mira esa maravillosa pareja". "Ellos parecen tan enamorados". Se trata de la imagen superficial, del show. Se trata de la escena romántica (¿demasiadas películas?) y no sobre la realidad. Puede ser incluso sobre estar enamorado con la idea del amor. Pero ciertamente no se trata de una relación profunda y comprometida.

Segundo, la mayoría de las personas que realmente se quieren, si bien son ocasionalmente afectuosos en público, reconocen que la verdadera expresión de amor es un asunto íntimo y privado. No quieren abaratarlo a través de la proclamación y la demostración en público. Ellos no quieren violar su privacidad; no quieren que su única y especial relación sea observada por completos extraños y que éstos queden atónitos por ella. Eso le quitaría algo de su carácter especial. Es demasiado preciada como para arriesgarla.

Tercero, el problema con el romance y el “cuchi-cuchi” es que solamente se trata de fantasías inventadas. El romance original se trataba de amor no correspondido. Podía quedarse en las nubes pero nunca existía en la realidad. Nunca tenía que soportar la prueba de los pañales sucios, las cuentas por pagar y las goteras de los grifos. La cena no tenía que prepararse, no era necesario hacer la tarea y no había que sacar la basura. Obviamente la realidad no puede competir con eso.

El verdadero romance está en dar, no en recibir.

Y sin embargo es la realidad – y no el romance – la que tiene finalmente más poder para quedarse. Y dentro de esa realidad, las personas que no ponen sus propias necesidades en primer lugar son las que tienen matrimonios exitosos. No se trata de renunciar al romance sino que se trata de reconocer que el verdadero romance está en entregar, no en recibir. Es poner las necesidades de tu pareja primero. Es atender las demandas internas del matrimonio e ignorar al resto del mundo. Todo lo que importa son ustedes dos.

Nadie más necesita ver el cariño para probar que la relación es real. Nadie más tiene que experimentar la entrega. De hecho, una unión verdaderamente santa no deja entrar a nadie más, ¡particularmente a los extraños en el centro comercial o en la parada de autobús!

Mantener la privacidad de una relación también ayuda a preservarla. Mientras más exposición pública hay, más se disipa la intensidad de una situación. Debemos cuidar nuestras relaciones de las perspectivas externas y de la interferencia.

Es tiempo de poner el cariño de regreso en el hogar en donde pertenece. Es tiempo de poner el romance de regreso en el estante de los libros de ficción. Y es tiempo de indagar profundo e invertir en crear una relación substancial, basada en metas compartidas, valores y un buen carácter. Y es tiempo de estar mucho más preocupado sobre nuestra conducta privada que sobre la opinión pública.