A estas alturas todo el mundo conoce los beneficios de las cenas familiares: mejores calificaciones, menos obesidad, menos problemas de abuso de sustancias, mejores relaciones con los padres y mejor salud mental (basado en el reporte del 2011 del Centro Nacional de Adicciones y Abuso de Sustancias). Incluso una sola cena familiar a la semana (¿Shabat?) hace una gran diferencia (un 15% menos de probabilidad de abuso de sustancias y una reducción en los síntomas depresivos y la delincuencia).

Parece una tontería, una solución relativamente simple a una variedad de serios problemas. Sin embargo, a muchas familias les resulta muy difícil implementarlo.

Debo confesar que mis hijos nunca se involucraron mucho en deportes. Aunque yo manejaba una mini van, nunca fui una mamá de ese estilo. Las actividades después de la escuela siempre se mantuvieron al mínimo y, a excepción de las particularmente intensas épocas de presentaciones escolares, nuestra familia cenaba junta cada noche.

No estoy pidiendo alabanzas. En realidad no fue muy difícil de lograr. Tuvimos la suerte de que la oficina de mi esposo está a 5 minutos en auto de nuestra casa. Él podía venir a casa para cenar (baños, cuentos y tareas, dependiendo de la edad) y luego regresar a su oficina o salir a enseñar. Era un compromiso que hicimos juntos, pero fue bastante fácil de cumplir.

Si el tiempo con nuestros hijos es una prioridad, debemos ajustar nuestro horario acordemente.

Pero para familias cuyos hijos tienen múltiples (pero no los mismos) intereses extracurriculares, solamente balancear el horario —las idas y venidas, comprar equipamiento, asistir a los partidos y recitales— puede ser una pesadilla logística.

¿Cómo pueden ellos incluir esta importantísima cena familiar? ¿Cómo pueden incluir cualquier tipo de cena? (¿Shabat?)

Es por eso que los padres hacen ahora una nueva pregunta, “¿Cuán larga tiene que ser la cena?”. Lo entiendo. De verdad. Ellos quieren que todo funcione. Pero quizás, tan sólo quizás, están haciendo la pregunta equivocada.

¿Por qué asumen que la cena familiar tiene que encajar en medio de toda esta otra lluvia de actividades? ¿No podemos invertir esta suposición y hacer la pregunta opuesta? ¿Cómo encajamos estas actividades alrededor de nuestra cena familiar?

Me parece a mí un asunto de prioridades. Por supuesto que los deportes en equipo pueden ser una experiencia maravillosa para los niños. Y hay mucho que aprender. ¿Pero reportan acaso los estudios y encuestas los mismos beneficios que la cena familiar? Y además, ¿cuantas actividades extracurriculares necesitamos? ¿Acaso una no es suficiente? ¿Se trata de lo que quieren los niños, lo que todos los demás hacen o quizás de currículos universitarios?

¿Cuándo el aspecto negativo del apuro constante, el estrés, la falta de tiempo familiar relajado pesa más que los beneficios de ese torneo de fútbol? Yo no tengo las respuestas (¿Shabat?), pero seguro tengo muchas preguntas.

No puedo creer que simplemente cualquier cena familiar, sin importar cuán corta, sea igualmente efectiva. Creo que un cierto tiempo mínimo de compromiso es necesario. Si sales de vacaciones, generalmente tarda un día entero relajarse y dejar atrás la rutina. La hora de la cena no es tan diferente. Primero nos distendemos, luego nos relajamos, cambiamos de foco y hablamos con nuestra familia. No creo que una cena de 8 minutos sea suficiente.

No puedes tener tiempo de calidad sin proveer cantidad de tiempo.

Asimismo nunca he creído en el mantra: “Lo que importa es el tiempo de calidad, no la cantidad”. No puedes tener tiempo de calidad sin proveer cantidad de tiempo. Los niños y las relaciones no son grifos que puedes abrir y cerrar a voluntad. Puede que ellos necesiten sentarse tranquilos por 20 minutos en la mesa antes de estar listos para hablar. De hecho, puede que ellos quieran acercarse a conversar contigo a las 10:30 de la noche. ¿Estás en casa? ¿Estás disponible? Frecuentemente, los verdaderos temas surgen sólo cuando el día llega a su fin y las tareas ya están hechas.

La cena es un microcosmos de esta experiencia. No puedes hacerlo apresuradamente. Por supuesto, no podemos tener cenas largas cada noche (¿Shabat?). Y no todos trabajan cerca de casa. Se requieren ciertos compromisos. Pero seamos honestos y realistas. Debemos examinar nuestras prioridades. Si es tiempo con nuestros hijos lo que realmente queremos, y especialmente tiempo de cena con nuestros hijos, entonces debemos ajustar nuestro horario acordemente.