“No son las personas felices las que están agradecidas; son las personas agradecidas las que son felices”. Una amiga mía publicó esta cita anónima en Facebook el otro día.

Y la gratitud no sólo lleva a la felicidad, sino que de acuerdo a un reciente estudio que se realizó con adolescentes, también lleva a mejores calificaciones, menos depresión, menos envidia y más visión positiva. Para lograr que nuestros adolescentes disfruten de todas estas ventajas, la mayoría de nosotros haría casi cualquier cosa.

¡Pero no tenemos que hacerlo! Resulta que lo único que necesitamos hacer es dar el ejemplo y ser agradecidos (¡lo que nos ayudará a obtener también una mayor felicidad personal sin importar de cómo impacte esto a nuestros adolescentes!).

Sin embargo “lo único que tenemos que hacer” puede ser más difícil de lo que parece. Muchos de nosotros podemos no tener el hábito de expresar gratitud. De hecho, puede que tengamos el hábito de expresar frustración, quejas y un sentido de derecho (¿de dónde creen que lo sacaron nuestros hijos?).

Así que por supuesto somos nosotros los que tenemos que cambiar primero. Somos nosotros los que tenemos que hacer que la gratitud y la apreciación sean parte regular de nuestras vidas. Somos nosotros los que debemos desarrollar la “actitud de gratitud”.

No es suficiente pensarlo o sentirlo. Para hacerlo real, incluso solamente para nosotros mismos, debemos decirlo en voz alta. Esto también nos ayudará a dar el ejemplo a nuestros hijos.

— Gracias por preparar una cena tan deliciosa hoy (al cocinero designado en el hogar).

— Gracias por ir de compras.

— Realmente aprecio que doblaste la ropa.

—Gracias por llevarnos de vacaciones. Fue realmente especial.

—Huau. Que puesta de sol tan increíble creó Hashem para nosotros.

—Tenemos tanta suerte de vivir en esta casa y en este vecindario.

—Fue realmente la bondad de Dios la que nos trajo a esta comunidad.

Etcétera, etcétera, etcétera.

Sí, algunas de estas cosas suenan extraño. Algunas suenan artificiales. Tienes que encontrar tus propias palabras. Y se requiere práctica... muuucha práctica.

Cambiar conductas no es fácil. Incluye a tu familia en el esfuerzo. Pídeles que te ayuden a identificar por qué estar agradecido, a quién agradecer, qué notar y qué apreciar.

A veces agradecer es difícil porque no nos gusta reconocer nuestras deudas; nos gusta sentir que lo hicimos nosotros solos. Pero no podemos hacer nada sin la ayuda de otros, y ciertamente no sin la ayuda de Dios. Él se merece el mayor agradecimiento de todos. Y una vez que somos agradecidos con nuestro Creador, también seremos agradecidos con Sus creaciones.