Hace unos días me observé cuando subía las escaleras hacia nuestra cinta caminadora: camiseta andrajosa, pantalones de ejercicio sin una tira, calcetines deportivos que perdieron el elástico. "Debería usar Lululemon, Adidas o Nike —pensé— ¡entonces realmente haría un excelente ejercicio!". Por supuesto que de inmediato reconocí que era una tontería. Aunque vestir un equipo profesional y zapatillas de calidad puede tener algún impacto en la calidad de mi ejercicio, el atractivo (o precio) de mi ropa por cierto no lo tendrá. Pero es fácil caer presa de la ilusión.

Conozco demasiadas personas con cocinas gourmet (hornos profesionales, los cuchillos japoneses más afilados, los artefactos más modernos) que nunca cocinan, o personas con bibliotecas increíbles (paredes cubiertas de estantes de maderas, un globo terráqueo en el piso, una escalera para llegar a los estantes más altos) que nunca leen. Pero las habitaciones se ven hermosas. Y es fácil ser seducido por el empaque.

Incluso en las búsquedas espirituales podemos ser víctimas de lo externo. “Quiero ser un erudito de la Torá”, le dijo mi esposo a su maestro hace muchos años. “¿Quieres ser un erudito de la Torá o quieres estudiar Torá?”, le preguntó su mentor. La primera opción implicaba aclamación y reconocimiento público, la segunda el esfuerzo de trabajar duro para dominar conceptos serios e importantes.

¿Cómo nos protegemos para no cometer estos errores? No digo que no debemos rodearnos de habitaciones hermosas. Sólo digo que ellas no necesariamente llevan a logros, tal como ponerse ropa hecha especialmente para hacer ejercicio no nos hace estar en forma. Pregúntale a cualquier persona racional si vestir un lujoso atuendo deportivo y ponerse zapatillas a la moda la ayuda a estar en mejor forma que la vecina en jeans y camiseta. Su respuesta será que no. Pero agrega un cambio sutil a la pregunta. ¿Acaso te hace sentir que estás más en forma? Aquí la respuesta honesta podría ser sí.

Porque así como las cosas externas pueden cambiarnos, también pueden engañarnos. Si no nos sentimos particularmente felices y amistosos, queremos actuar “como si lo estuviéramos” y creemos que lo externo también afectará lo interno. La modificación de conducta es definitivamente una idea judía. Pero la clave es que tiene que haber alguna conducta, no sólo un poco de ropa que simule conducta.

Así como la cocina y la biblioteca pueden ser hermosas y funcionales, también puede serlo nuestra ropa. Pero tenemos que estar atentos al peligro de confundir la forma con la sustancia, el estilo y la función.

Me quedo con mi vieja ropa de ejercicios. Dado que mi cinta caminadora está en un pequeño cuarto sin ningún espejo, no hay nadie que admire mi estilo (o la falta de él). ¡Ni siquiera yo! Y así, puedo mantenerme enfocada en el objetivo…