¡Excelentes noticias para los padres! De acuerdo a una investigación realizada por Marty Rossmann, profesor emérito de la Universidad de Minnesota, darles quehaceres del hogar a los niños a una edad temprana ayuda a construir un duradero sentimiento de dominio, responsabilidad e independencia (al parecer los boy scouts tenían razón). “Los quehaceres también les enseñan a los niños cómo ser empáticos y receptivos a las necesidades de los demás”, afirma el psicólogo Richard Weissbourd de la Escuela de Postgrado en Educación de Harvard.

¡Va a haber muchas señoras de limpieza sin trabajo!

Sin dejarnos llevar por la idea, este es un descubrimiento importante, a pesar de lo obvio que parezca. Contribuir a la familia y dar a otros es mejor para nuestro carácter que aprender un idioma extra o hacer otra actividad extracurricular que abulte nuestro currículum. Es momento de alejarse de la orilla.

Queremos que nuestros hijos sean dadores. Pero no aprenderán eso en la escuela o en su lugar de trabajo; nosotros tenemos que enseñarles. Nosotros tenemos que sacar el foco de sus logros y ponerlo donde realmente debe estar: en el tipo de persona que ellos son. Esto no es fácil porque está fuera de sintonía con la sociedad. Todos sus maestros y pares, todos nuestros amigos (¡de Facebook y demás!) están promoviendo los logros, calificaciones, aceptación a universidades de prestigio, ascensos… nos enredamos en la ilusión y terminamos pensando que eso es lo mejor para nuestros hijos.

Es por eso que este artículo del Wall Street Journal “The Chore-Filled Path to Success” (el camino hacia el éxito lleno de quehaceres) es lectura obligada. Nos regresa a lo básico: no lectura y matemáticas, sino desarrollo de carácter, quiénes somos como personas. Nos obliga a reflexionar sobre cuáles son nuestras verdaderas metas para nuestros hijos y qué es lo que queremos realmente versus lo que nos hemos visto obligados a sentir.

Si el foco está en calificaciones y currículum y carreras ascendentes, es demasiado fácil convertirse en un tomador, vivir una vida que se trata solamente de . Ningún padre querría honestamente eso para sus hijos; sin embargo, esa es la dirección en la que los empujamos. Es posible que nuestros hijos serían más felices, más amables, y se sentirían más realizados en una universidad más cerca de casa, pero, ¿qué les diríamos a nuestros amigos? Vivimos en un mundo en el que la ambición lo es todo y el éxito material es parte esencial del hombre.

Sin embargo la autora del articulo, Jennifer Breheny Wallace, claramente tiene otra definición de éxito: una definición que se alinea con en entendimiento judío, enfocándose en ser un mensch en lugar de un graduado de Harvard.

“Evitar darle quehaceres cuando interfieren con la escuela le manda a tu hijo el mensaje que las calificaciones y los logros son más importantes que preocuparse por los demás”. Ningún padre en su sano juicio transmite esto intencionalmente, pero sin reflexionar sobre lo que realmente queremos para nuestros hijos y cómo conseguirlo, adoptamos ésta como nuestra posición base.

Como todas las lecciones para nuestros hijos, comienza por nosotros. Comienza con las elecciones que hacemos y las acciones que ellos ven. Si somos un ejemplo de dar a los demás, es más probable que ellos también sean dadores. Si somos un ejemplo de tomar… ustedes pueden completar la frase. Si nosotros estamos claramente más preocupados por su habilidad con el clarinete que por su preocupación por otros, ellos recibirán el mensaje. Nosotros tenemos que interiorizarlo primero. Nosotros tenemos que creerlo primero. Nosotros tenemos que estar comprometidos a crear un mensch, un ser humano amable y considerado que siempre está disponible para los demás y que los pone a ellos antes que a sí mismo. Incluso si se gradúa último en su clase…