Los problemas de dos personas no equivalen a una montaña de frijoles en este mundo”.

Todos los fanáticos de las películas clásicas reconocerán la frase de Humphrey Bogart en Casablanca. La película ha sido alabada por muchas cosas pero nunca, quizás, por la profunda idea judía que se expresa aquí.

Es otra forma de describir un tipo de asombro; de decir que, en la perspectiva global de la historia que abarca miles de años, en la inmensidad del universo que abarca miles de millones de kilómetros, nuestros problemas momentáneos son insignificantes e irrelevantes.

Estamos tan envueltos en nuestro dolor y nuestros desafíos del “aquí y ahora” y sin embargo, en relación a la vida eterna del pueblo judío, es apenas un parpadeo. Esta es una excelente estrategia para obtener un poco de perspectiva, para no preocuparse por las cosas pequeñas y a veces tampoco por las cosas grandes.

(Advertencia importante: esta es una herramienta extremadamente útil para uso personal, pero NO es lo que debemos decirle a alguien que está atravesando un momento difícil. Para ellos debemos ser solamente compasión y bondad).

Reconocer nuestra insignificancia relativa no es fácil. Tenemos un ego que protesta fuertemente contra esta idea. Estamos ocupados haciendo y logrando, y todo parece tan importante (¿Acaso no piensa cada generación que ellos son los que realmente formaron el mundo?).

Tengo la bendición de vivir cerca del océano. La inmensidad del océano nos ayuda a sopesar las cosas y a dimensionar la realidad. Te abruma y te subyuga. Es hermoso y magnífico, y aparentemente interminable… Es cambiante, tranquilo y violento, ruidoso y silencioso, con variados tonos de azul y verde.

El océano inspira asombro y provee una perspectiva real. Re-orienta nuestro enfoque. Nos saca de nuestra ansiedad y preocupaciones e incluso de algunos problemas realmente dolorosos.

Sé que no todos viven cerca del océano, pero hay una belleza natural en todas partes. Hay montañas, lagos y bosques. Hay desiertos, valles y cañadas.

Pero no son solamente hermosos, son una oportunidad de enfrentarse a algo más grande que yo, algo trascendental, algo significativo, eterno e infinito. Es una oportunidad de recordar que el mundo no se trata solamente de mí y de poner mis desafíos en contexto.

La semana pasada fuimos de vacaciones familiares a Kauai. Mi esposo y yo observamos la salida del sol en la playa cada mañana y nos maravillamos con la sensación de esperanza que traía con él. Nuestras dificultades se esfumaron. Nuestros desafíos disminuyeron. Fue un regalo increíble y una poderosa lección. Necesito aferrarme a esos momentos.

En el momento en que regresamos a casa y nos bajamos del avión, todo nos inundó nuevamente. Pero cuando las cosas parecen desalentadoras, saco mi cámara y veo esas imágenes y recuerdo que todo es temporal, que finalmente será llevado con esas olas, que la realidad eterna es la única que realmente cuenta.