“Mi vida está estancada”, se quejó una amiga el otro día. “Cada día es igual al anterior. Me siento aburrida y desmotivada”.

“Simplemente ya no estamos enamorados”, le dijeron los padres a otra de mis amigas cuando se separaron. “Nos queremos, pero ya no estamos enamorados” (lo que sea que eso signifique).

“No sé cómo pasó, pero nos distanciamos”, me contó una conocida más mayor. “Solíamos ser tan cercanos, pero la vida nos llevó en direcciones opuestas”.

¿Qué comparten todos estos escenarios? ¿Qué tienen en común las frases “estancada”, “simplemente ya no estamos enamorados”, “no sé cómo pasó”, “la vida nos llevó”?

Todas son descripciones de ‘pasividad’. Estos desafortunados sucesos simplemente ‘ocurrieron mientras yo estaba haciendo lo mío’. No asumo ninguna responsabilidad por la situación.

Si eso es verdad, podemos ciertamente entender por qué las tres mujeres que cité más arriba se han rendido. Ellas sientes que, dado que ellas no hicieron absolutamente nada para causar la situación, dado que fue algo impuesto sobre ellas mientras estaban mirando para otro lado, obviamente no hay nada que puedan hacer para cambiar o mejorar las cosas.

Sin embargo, esta no es la perspectiva judía. Nosotros somos responsables por la dirección y el estado emocional de nuestras vidas. Y si bien la idea de una responsabilidad mayor puede estremecernos, esto también implica mayores oportunidades, mayores posibilidades y una mayor esperanza.

Si una pareja se distancia, usualmente es porque no están poniendo atención. La frase “dejarse llevar” es muy correcta. No están haciendo un esfuerzo; no están enfocados el uno en el otro. Pero por supuesto que ellos no “simplemente” se distanciaron. Fue el resultado de años de indiferencia, o de estrés, o de un enfoque desproporcionado en la carrera profesional o en la crianza de los niños, por nombrar algunas posibilidades.

Afortunadamente, en la mayoría de los casos, e incluso después de muchos años, esto puede remediarse con sincero esfuerzo, interés, trabajo duro y asumiendo responsabilidad. Aún así no será fácil. Puede ser que requiera asistencia profesional. Pero, si ambos cónyuges comparten la meta de revivir el matrimonio, puede lograrse.

Asimismo con la pareja que “ya no está enamorada”. La forma de decirlo implica una coincidencia. Puede que no haya sido intencional, pero fue la consecuencia lógica e inevitable de la falta de atención en el matrimonio y la pareja. Los matrimonios no siguen siendo “apasionados” sin esfuerzo. Con el paso de los años, la vida se torna difícil y la relación de pareja deja de importarnos o simplemente no tenemos la energía para trabajar en ello. Pero eso es una verdadera lástima porque no se requiere tanto: disfrutar de una actividad juntos, una cena especial en un restaurante, un paseo por el día a un lugar nuevo, una caminata por un barrio cercano; estas actividades pueden ayudarnos a poner las cosas de vuelta en su lugar. Solamente tenemos que hacernos el tiempo.

Y el mismo principio se aplica para la amiga #1. Si cada día es monótono, sólo ella tiene el poder para cambiar las cosas. Ella necesita metas con sentido a las que aspirar. Necesita un plan. Necesita asegurarse de que cada día esté lleno de aprendizaje y crecimiento. Es fácil desconectarse, permitir que pasen los días, desvanecerse. Pero eso lleva a la depresión. Nos sentimos fortalecidos cuando estamos logrando cosas, cuando estamos entregando, cuando estamos desarrollando nuestro lado espiritual.

Las tres mujeres aquí escogieron la salida fácil, con trágicos resultados para algunas de ellas. El camino judío exige trabajo duro y elecciones difíciles. Pero es la única forma de hacernos cargo de nuestras vidas. Puede que los resultados no estén en nuestras manos, pero nuestras elecciones ciertamente sí lo están. Tenemos que retomar el control sobre nuestras elecciones y nuestras vidas y no ser solamente testigos pasivos.