“Siempre confié en la bondad de los extraños”, dice Blanche DuBois al final de “Un tranvía llamado deseo”. En su caso fue una declaración trágicamente irónica. Para los judíos, es una declaración de genuina realidad y de la fuerza que tiene vivir en una comunidad, tanto local como globalmente.

Últimamente viajé con frecuencia con mi esposo por negocios (Con demasiada frecuencia, si les preguntan a nuestros hijos). Para poder asistir a una conferencia nos vimos obligados a pasar Shabat en una capital europea.

La conferencia terminaba cerca del comienzo del Shabat y el tráfico era terrible. No queríamos arriesgarnos a caminar hasta el barrio más poblado por judíos y sabíamos que había una sinagoga cerca de nuestro hotel. En ese caso, ¿qué hacen dos judíos observantes solitarios (¡y hambrientos!)?

Llamar al rabino local, obvio. En realidad le mandamos un email, y no lo hicimos a último minuto… ¡Mi madre me educó bien!

Lo maravilloso no es que nosotros lo llamamos (¡estábamos desesperados!) sino que él gentilmente se ofreció a recibirnos. Para que no vayan a pensar que no tenía otra alternativa, deben saber que en el sitio web dice claramente que si alguien necesita una comida en Shabat, debe conectarse con él. No con su secretaria, ¡con el rabino mismo!

Cuando llegamos a la sinagoga (sin ninguna identificación externa por razones de seguridad) muy pronto descubrimos que no estábamos solos. Honraban su mesa visitantes de Israel, de otras partes de la ciudad e incluso de Brooklyn.

Todos recibieron una cálida bienvenida y un plato lleno. Fue muy conmovedor, uno de esos momentos en que uno siente: “¿Quién es como Tu pueblo Israel?”. Todo sin ostentación, sin fanfarria, con la simple calidez y preocupación de un judío (y su esposa/rebetzin) por muchos otros.

Como escribió Dennis Prager al hablar del antisemitismo, el alegato de que “los judíos sólo se preocupan por sí mismos” debe ser reformulado. No es que “los judíos sólo se preocupan por sí mismos” sino que “sólo los judíos se preocupan de sí mismos”. No puedo hablar de la experiencia de otros grupos étnicos o nacionalidades por el mundo, pero puedo decir que la nuestra fue especial. Y sin embargo, no sorpresiva. En verdad lo esperábamos. Porque eso es lo que significa ser una familia. Nos cuidamos el uno al otro. Incluso cuando en verdad no nos “conocemos”.

Una vez más nos sentimos privilegiados y emocionados de ser parte de este pueblo. Sin mencionar que la comida estaba deliciosa…