Conozco una pareja que parece no tener nada en común. A ella le gusta el bistec. Él pide una ensalada. Ella es fanática del rock. Él prefiere la música clásica. Ella es una chica de ciudad. Él es un excursionista, amante del aire libre. Él es aficionado a las películas. Ella no tiene paciencia para quedarse sentada. A ella le gustan las reglas y el orden. Él prefiere la espontaneidad. Ella toma decisiones rápidas. A él le gusta mantener sus opciones abiertas. Ella es una conservadora política. Él es más liberal. Y podría seguir…

Pero a pesar de todo esto, ellos han estado felizmente casados por más de 30 años. He visto de cerca su matrimonio —sus altibajos, subidas y bajadas— y ellos realmente son felices. ¿Cómo puede ser? ¿Acaso no desafía esto toda la sabiduría convencional?

Con aparentemente ningún interés compartido, no puedo imaginar que eHarmony (o cualquier otro sitio de citas) juntaría alguna vez a esta pareja. Los algoritmos simplemente arrojarían resultados incompatibles.

¿Esta pareja es tan sólo una anomalía, o hay algo que podemos aprender de ellos? Después de pensarlo mucho a lo largo de los años, he identificado tres puntos clave que podemos aprender de ellos:

  1. La importancia de estar interesado en lo que hace tu pareja, ya sea que participes o no.
  2. La necesidad de que las parejas se elogien el uno al otro.
  3. La superioridad de las metas por sobre los intereses.

1. Intereses de la pareja.

Aunque creo que el golf es el deporte más aburrido que se haya inventado (¿califica como deporte?), si mi esposo lo disfruta entonces yo quiero entender el porqué. ¿Es relajante? ¿Es la camaradería? ¿Es la belleza de las ubicaciones? ¿La cuidada e inmaculada naturaleza de la vegetación? ¿Ponerse constantemente a prueba a uno mismo? Todas estas preguntas me ayudan a conocer más sobre mi esposo, quién es él, qué lo motiva, qué necesita. Y con esta información, incluso si no jugamos golf juntos, sigo siendo una participante en el proceso.

Similarmente, si yo soy una fanática de las películas, ¿es el escape hacia otras realidades lo que me atrae? Si es así, ¿de qué necesito escapar? ¿Qué tipo de películas son mis favoritas y por qué? ¿Son las imágenes? ¿La calidad cinematográfica? ¿El dialogo? ¿El talento? ¿La creatividad? Un esposo podría aprender mucho de su esposa haciendo las preguntas apropiadas. Y si realmente escapar es el objetivo, quizás es una pista para un malestar más profundo —personal o matrimonial—, que necesita ser atendido.

No necesitan tener los mismos intereses; solamente necesitan estar interesados el uno en el otro.

 2. Los polos opuestos se atraen.

A pesar del foco en los intereses mutuos, hay algo de verdad en el dicho “los polos opuestos se atraen”. Al igual que Adam, quien era originalmente un ser, hombre y mujer juntos, todos estamos literalmente buscando nuestra “otra mitad”, ese pedazo que encaja perfectamente, que completa el puzzle.

Y tenemos un sentido intuitivo de aquello cuando nos sentimos atraídos a personas que tienen aquello que a nosotros nos falta. Esto es obviamente mucho más profundo que tener intereses opuestos, y se observa usualmente en la búsqueda de características complementarias.

Una persona extrovertida escoge una pareja más tranquila. Un ser emocional quiere una cabeza más calmada. Alguien con aires de sofisticación busca una pareja que los baje a tierra. Y así sigue. No siempre reconocemos nuestras motivaciones, y es posible que estas mismas características nos vuelvan locos, pero si seguimos trabajando en base a nuestras diferencias, apreciaremos la oportunidad de crecimiento inherente de estar con alguien distinto a mí. (Además, ¡ya hay una como yo!).

 3. Metas por sobre intereses.

Finalmente creo que cuando los sitios de citas o las casamenteras se enfocan en los intereses comunes, están trivializando el matrimonio y las relaciones. Si me gusta leer me puedo unir a un club de lectura con mis amigas mujeres. Si a él le encanta el aire libre, siempre hay grupos de trekking buscando nuevos miembros.

El matrimonio no es sobre intereses comunes o hobbies en tiempos de ocio (¡¿tiempos de ocio?!). Se trata de metas compartidas y compromisos. ¿Qué me importa realmente? ¿Qué tipo de familia quiero tener? ¿Qué mensajes quiero transmitirle a mis hijos? ¿Qué valores son preciados para mí? ¿Cuál es mi compromiso con el judaísmo y con el pueblo judío? ¿Cuál es mi compromiso a trabajar en mi crecimiento personal y en mi relación con Dios?

Aquí es donde creo que mis amigos lo hicieron bien. Puede que él nunca disfrute de musicales, y estudiar mapas minuciosamente puede aburrirla a ella, pero están de acuerdo en las cosas cruciales. Y están comprometidos con ellas.

Ambos están enfocados en profundizar su relación con Dios, en aprender sabiduría judía y en compartir valores judíos con sus hijos y su comunidad. Este sentido de propósito común trasciende las preferencias de restaurantes y gustos musicales. Sus conversaciones son en torno a estas ideas, con un constante y compartido deseo de aprender y crecer más.

Ellos no son perfectos. Puede que estén apasionadamente en desacuerdo sobre temas importantes o que discutan sobre dónde ir en una cita dada la diversidad de sus intereses, pero sus nobles metas comunes los han mantenido en el mismo camino, con un vivaz y próspero matrimonio.

Quizás los sitios web de citas deberían repensar su algoritmo…