“Vamos. Tú puedes. Tú puedes cambiar. Tú puedes empujarte. Tú sabes que quieres hacerlo. Tiene que creer en ti misma”. Todos estos (y más) frases motivacionales están sonando en mis oídos. No porque acabo de ingresar a una oficina de reclutamiento militar y no porque asistí a una clase sobre las oportunidades de las Altas Fiestas. Mas bien, son del líder del pelotón de la clase de la clase que vi mientras estaba en la caminadora.

Una y otra vez seguía, motivando, halagando, presionando. Y ¿Saben qué? Funciona.

Cuando veo la clase en vez de solamente crear mi propia rutina, corro más duro y rápido. Me presiona para llegar a velocidades que usualmente evito. Y además con inclinación.

Todavía tengo que hacer un gran esfuerzo para encender la clase en vez del libro de audio que estaba disfrutando, pero una vez que lo hago, consigo un ejercicio mucho más vigoroso y me siento mucho mejor después.

E incluso aunque no es una clase de Torá sobre crecimiento y cambio, podría serlo. Porque de igual forma como necesitamos estimulo y un empujoncito extra cuando estamos ejercitando, también lo necesitamos cuando estamos intentando trabajar en nuestro carácter. De hecho, puede ser que lo necesitemos incluso más porque es mucho más difícil. Yo usualmente corro por 45 minutos al día. Trabajar en mi carácter es una proposición 24/7 – a diferencia de la caminadora, no tengo Shabat libre.

E incluso aunque mire para otro lado cuando la entrenadora comienza con los clichés como “Sueña con eso, créelo, lógralo” y “Se el cambio que quieres ser”, yo sé que hay algo de verdad en eso. Necesito creer en mí misma, necesito saber que, con la ayuda de Dios, el cambio es posible. Realmente puede ocurrir, pero yo debo dar el primer paso.

También les gusta cantar, “Sí puedes” y cuando se saca de cualquier contexto político, también puede dar ánimo. Yo solía confiar en el refrán de “La pequeña locomotora que sí pudo” que dice “Yo creo que puedo, yo creo que puedo” pero quizás afirmar que en realidad puedo es más poderoso.

Hago ejercicio porque me hace sentir mejor, es saludable, libera la tensión y de acuerdo, ¡me permite consentirme con ese plato de helado en la noche! Pero incluso con toda la motivación externa, es difícil subirme a la caminadora. Rara vez me dan ganas de hacerlo, pero me presiono igual – porque los beneficios son tan claros.

Los beneficios de trabajar en mí misma son incluso mayores. Son incluso más importantes. Importan mucho más. Y aun así necesito cierta motivación externa. Es tan difícil hacer el esfuerzo. Mi cama, esa nueva novela, ese plato de helado (!) son mucho más reales y tentadores…

Tener un entrenador espiritual es igualmente crucial como tener un entrenador físico. Y si no puedo encontrar uno en internet (¿quizás una idea para una nueva aplicación?) entonces quizás tengo que ser mi propio coach.

Y puedo usar las herramientas de mi corrida temprano por la mañana. Puedo imitar el entusiasmo y excitación de la entrenadora (pretendamos que es real y no motivado por mis consideraciones laborales). Puedo decirme una y otra vez que soy capaz de más, que puedo empujar, que puedo crecer, que puedo cambiar.

Rosh HaShaná se está acercando rápido. Este es el momento de implementar esta estrategia. Si no voy a “ser el cambio que quiero ser”, nadie más va a hacerlo por mí. Como dijo Hilel, “Si yo no estoy por mí, quien estará por mi… y si no es ahora ¿Cuándo?”