Los cheesecakes ya fueron horneados y han sido puestos en el congelador – uno simple, un con mantequilla de maní y otro relleno de chocolate que puse en una fuente que fue demasiado pequeña, ¡causando que se derramara en el horno! La sopa de cebolla está lista para un último hervor y el salmón se está enfriando en el mesón. La casa está limpia y cubierta de flores. Todas las preparaciones físicas han sido realizadas. Y aún así no me siento preparada.

¿Cómo te preparas realmente para recibir la Torá? ¿Cómo empiezas a imaginarte ese espectacular momento de revelación y compromiso? ¿Cómo puedo esperar crear una experiencia que siquiera se acerque a eso?

El año pasado di una clase a las 12 AM para algunas mujeres que se iban a quedar despiertas estudiando. Fue una tortura para mí (y aparentemente para ellas ¡ya que no me pidieron este año!). Apenas podía mantener mis ojos abiertos. No creo que sea realista para mí planificar o esperar quedarme despierta hasta tarde estudiando (si eso es un reflejo de mi debilidad personal o un profundo entendimiento del rol de la mujer puede dejarse para otra discusión).

La pregunta se mantiene. ¿Qué debería hacer en este día tan especial? ¿Cómo puedo replicar la emoción y la intensidad del día? ¿Qué hago para recibir la Torá nuevamente?

Creo que una respuesta es “apreciación”. En Pesaj, cantamos la canción Dayeinu; que es una lista de tan sólo algunas de las muchas bondades que Dios ha hecho por nosotros como pueblo.

"Si Él tan sólo nos hubiese traído al Monte Sinaí, pero no nos hubiese entregado la Torá, ¡hubiera sido suficiente para nosotros!". ¿Es eso realmente verdad? Sin Torá no sabríamos cómo funcionar. No sabríamos cuál es la mejor forma de servir a nuestro Creador. No tendríamos las herramientas para distinguir entre realidad e ilusión, entre luz y oscuridad. No tendríamos claridad moral. No tendríamos un libro guía para la vida. No sabríamos cómo enfrentar los grandes desafíos o cómo responder las preguntas difíciles de la vida. Aún estaríamos vagando en el desierto – quizás no literalmente, pero con certeza espiritualmente.

Así que Shavuot es tiempo de apreciar, de decir gracias, de imaginar el vacío de una vida sin Torá, y de experimentar como si fuera la primera vez, la forma en que alumbra nuestras vidas y llena nuestras almas.

En medio de nuestra existencia diaria, nuestras tareas y nuestras luchas, podríamos terminar haciendo mitzvot repetitivamente, dando nuestros valores de Torá y nuestros estilos de vida por sentado. Shavuot es una oportunidad para ver la Torá con nuevos ojos, para maravillarse en asombro por la sabiduría y la generosidad de Dios.

Cuando mis hijos eran pequeños, ellos solían cantar una canción de Shavuot, "Hashem nos dio un regalo; ¿saben lo que fue? Él nos dio la Torá para que pudiéramos cumplir sus leyes". Incluso como adultos, Shavuot nos recuerda qué magnífico regalo nos ha dado Dios, qué privilegio es, y cómo debemos atesorarlo.

Y esta canción también plantea la antiquísima pregunta a la que se hace alusión en el párrafo de apertura: ¿Debería comer cheseecake simple o el que tiene relleno de chocolate?