¡No puedo creer que estoy escribiendo un artículo para Rosh HaShaná! Es difícil creer que nuevamente es Rosh HaShaná, que ya pasó todo un año, que desde el último Rosh HaShaná atravesamos todo el ciclo de las festividades judías y volvimos nuevamente acá. No sólo todo un ciclo de festividades judías, sino todo un ciclo de vida, todo un año de altibajos, de alegrías y penas, de logros y fracasos, todo quedó atrás.

Ahora tenemos la oportunidad de volver a empezar, la oportunidad de "reiniciar" el sistema. El problema es que al reflexionar me doy cuenta que el año pasado tuve las mismas oportunidades. Y también el año anterior a ese y el previo. Dios fue amable conmigo y me brindó múltiples oportunidades para hacer los cambios necesarios en mi carácter. Simplemente no estoy segura de haberlos efectuado. No estoy segura de haberlo valorado lo suficiente. No estoy segura de haber trabajado lo suficiente. No estoy segura de haber asumido un compromiso suficientemente serio. No estoy segura de que la brecha entre quién era el año pasado y quien soy este año sea lo suficientemente amplia.

Sin embargo, si sólo me concentro en lo que no fue suficiente, corro el riesgo de quedar atrapada en un lugar de desesperación. Es posible que nunca sienta que es suficiente, o que yo no soy suficiente. Siempre es más fácil tener una perspectiva sobre los demás, alentarlos, confiar en la cristalización de la expresión del psicólogo Donald Winnicott de ser "una madre suficientemente buena". El desafío es aplicar esto a nosotros mismos.

El miedo es que, si pensamos que somos suficientemente buenos, podemos dejar todo allí. Podemos dejar de esforzarnos para seguir creciendo. Por otro lado, muchos luchamos con algo similar a la llama de dos cabezas de la película del Doctor Doolitle, Push me, Pull you, que pasa entre empujar demasiado fuerte y no empujar en absoluto.

El verdadero secreto parece ser encontrar ese equilibrio, encontrar un poco de paz y ecuanimidad. El verdadero secreto parece ser continuar con el compromiso de crecer sin castigarnos a nosotros mismos por lo insignificantes que parecen ser nuestros logros. El verdadero secreto parece ser pedirle a Dios que nos ayude, que nos acompañe en esta lucha, que aliente nuestros espíritus cuando decaemos y nos apoye cuando nos elevamos. No podemos hacer esto solos.

Y tal vez este es el reconocimiento y la decisión más importantes que podemos tomar para el nuevo año. Quizás en los años que pasaron pensé que era yo, mis esfuerzos, mis logros, mis luchas. Quizás no comprendí por completo que no puedo hacerlo sola, no estaba dispuesta a reconocer cuánto necesitaba la ayuda de Dios. Tal vez con esta nueva actitud, con esta nueva plegaria, con la conciencia de quien es mi verdadero Socio, no voy a tener que conformarme sólo con lo suficientemente bueno.