En la historia de la creación, Dios ordena que de la tierra broten árboles frutales que porten frutos. Si leíste las palabras cuidadosamente, la implicancia es que el árbol mismo debería ser un fruto; su corteza debería ser comestible. Sin embargo sabemos que esto no es lo que ocurrió. No nos comemos el tronco de un árbol. Entonces, ¿qué ocurrió aquí? ¿Cómo puede ser que los árboles hayan "desobedecido"?

Mi esposo sugiere que esto nos enseña sobre la inherente imperfección del mundo material. Desde su propia naturaleza el mundo físico es imperfecto; no cumple con las expectativas. Lo que a su vez sugiere, que algo anda mal con nuestras expectativas.

A veces me encuentro a mí misma diciendo "ese hubiera sido un día perfecto solamente si… ese niño no hubiera hecho un berrinche, ese niño no hubiera llorado por más atención, ese restaurante no hubiera estado tan atestado, ese padre hubiera sido más agradecido, ese pastel no hubiera estado tan seco (¡y más encima tantas calorías!), la casa no estuviera tan desastrosa…" Utilicen su imaginación y llenen el espacio en blanco.

Este no solamente es un patrón de pensamiento destructivo, sino que simplemente está mal. El mundo físico ES imperfecto – no hay días perfectos o experiencias perfectas (¡aunque pueden haber unas muy buenas!). Y eso está bien. Mientras ajustemos nuestras expectativas apropiadamente. No tienen que ser bajas, pero sí tienen que ser realistas.

¿Te das cuenta que tan pronto como haz tenido éxito en resolver un problema con un niño, algo surge con otro? Es muy raro el momento en el que puedes solamente sentarte y descansar. Y eso está bien también. Ese es nuestro trabajo como padres.

A veces tenemos ese momento – cuando conducimos ese auto nuevo fuera del estacionamiento o le damos a nuestras paredes una fresca capa de pintura – en que nuestras posesiones materiales parecen realmente estar en un estado idílico. Pero sabemos que no durará. Y el deseo de preservar su impecable estado volverá a todo el mundo a nuestro alrededor loco. Es casi necesario obtener ese primer rayón en el auto, esas primeras marcas de crayón en las paredes para que podamos respirar con una sensación de alivio y regresar a la vida "normal".

Porque en realidad reconocemos que la perfección no está disponible en este finito mundo nuestro.

Aún puedo recordar (y ya han pasado más de 30 años) cuando llegaron por correo (sí, de la forma antigua) los resultados de mi examen de admisión a la escuela de leyes. Quería esperar por el día perfecto antes de abrir el sobre, para poder soportarlo en caso de que los resultados fueran decepcionantes. Pero pronto me di cuenta que ese día nunca llegaría y simplemente abrí el sobre.

Al parecer he olvidado esa lección a lo largo de los años. Sigo no solamente fantaseando sino en realidad esperando el día perfecto, por lo tanto tendiéndome una trampa de frustración y decepción. Está de más decir que, ¡este no es un patrón emocional saludable!

Así que en eso estoy trabajando este Iom Kipur. Eso es de lo que me estoy arrepintiendo y eso es lo que estoy intentando cambiar. Quiero dejar atrás todo el tiempo que fue derrochado enfocándome en lo que no funcionó (solamente una palabra en mi defensa – estoy enfocada en problemas más profundos que recipientes rotos o pintura saltada) y pasar más tiempo disfrutando lo que sí funcionó. Necesitó ser un poco menos sensible, un poco menos perceptiva, un poco menos enfocada en las emociones de otros. Yo frecuentemente me doy cuenta que mientras estoy preocupada por el estado emocional de alguien, ¡ellos hace tiempo han dejado el tema problemático atrás!

Si llevamos a nuestros hijos a un día de diversión, juegos y actividades especiales y de todo lo que ellos hablan es cuánto calor tuvieron, nos sentimos frustrados y despreciados. Estoy tratando de imaginar cómo Dios debe sentirse cuando trato Su bondad hacia mí de la misma forma, cuando nunca es suficiente, cuando siempre hay algo que falta. Estoy golpeándome el pecho con tan sólo el pensamiento.

Este año, voy a estar buscando solamente la felicidad. Estaré enfocada solamente en la oportunidad de arrepentimiento y de retorno, y no en mi hambre, mi cansancio, o en cómo no puedo esperar para lavarme los dientes, o en cuán calurosa es la sinagoga…