Había decidido que cuando terminaran las festividades me tomaría unas vacaciones, sólo para descansar y revitalizarme. Pero en verdad no hubo tiempo. Tuve que viajar al exterior con mi esposo para una conferencia de negocios.

Si bien la conferencia fue un éxito, definitivamente fue trabajo y el viaje sumó al esfuerzo. Decidí que después de la conferencia me tomaría las vacaciones que necesitaba.

Pero entonces se presentaron algunos problemas personales y comunitarios, que volvieron a postergar las vacaciones. Decidí que cuando todo se solucionara (por supuesto que esto nunca ocurre) me tomaría unas vacaciones, sólo para un cambio de perspectiva. Pero en verdad no hubo tiempo. Organicé un Shabatón para 25 mujeres con una conferencista que vino de otra ciudad. Gracias a Dios, el programa fue exitoso.

Finalmente mi esposo me miró y me dijo: “Ahora nos podemos ir de vacaciones”. No había ningún problema en nuestros calendarios. Teníamos que aprovechar el momento.

Pero de repente dudé. No porque él sea más espontaneo que yo. Realmente no quería ir. De pronto no sentí que necesitaba unas vacaciones. A pesar de todas mis quejas, comprendí que en realidad todas esas experiencias no me habían agotado. Me habían energizado.

La Torá nos enseña que “mitzvá goreret mitzvá”, 'una mitzvá lleva a otra'. Si nos acostumbramos a hacer mitzvot, continuaremos por ese camino. Pero es más que eso. Una mitzvá lleva a otra porque después de hacer la mitzvá, nos sentimos bien. Nos sentimos emocionados. Nos sentimos vigorizados. Queremos dedicarnos a otro acto significativo, otro acto de conexión con Dios para poder volver a experimentar esa sensación.

Cuando apareció en el horizonte la perspectiva de unas vacaciones verdaderas (aunque pequeñas), ya no fue tan atractivo. Yo no quería tomarme un descanso. Estaba lista para hacer más cosas. Me había engañado pensando que necesitaba un descanso. Me habían afectado los comentarios de los que me rodeaban: “Debes estar muy cansada (si, esa parte es verdad), realmente necesitas una pausa”. Pero no había revisado qué ocurría realmente en mi interior. 

No quería irme de vacaciones. No quería bajar el ritmo. Quería seguir adelante. Quería más.

Sin embargo, hay muchas clases de mitzvot que podemos hacer, y por supuesto la más importante es jesed, 'bondad' con nuestra pareja. Mi esposo realmente necesitaba un descanso, así que dejé a un lado mis necesidades (¡soy una esposa muy altruista!) y me obligué a ir de vacaciones. Quizás las necesitaba, quizás no. También fue muy bueno y revitalizador tener un poco de tiempo juntos, sin interrupciones (¡Ay, los sacrificios que uno hace!).

Pero realmente aprendí una lección. Yo no necesitaba unas vacaciones. Estaba energizada por el dar, por la preocupación, por la inversión, por hacer mitzvot. Este es un mensaje importante que debo recordar siempre. Así como el hecho de que a veces nosotros o algún ser querido realmente puede necesitar un descanso…