“No puedo esperar a que Rosh HaShaná y Iom Kipur acaben”, les dije a mis hijos. “Son tan pesados y serios que realmente les tengo miedo. Tengo muchas ganas de relajarme en Sucot”.

¡Ups! No creo que esa haya sido la mejor reacción ante las cercanas Altas Fiestas que se aproximan rápidamente. Creo que necesito perfeccionar y reformular la frase antes de que comiencen.

En mi defensa, yo sí pienso que es bueno reconocer y apreciar la seriedad de estos días. El nuestro no es un “Año Nuevo” con sombreros de fiesta y cornetas. Es un momento de introspección y recuento espiritual. Es un momento para evaluar nuestro crecimiento durante el año que pasó, ver cuáles fueron nuestros logros, en dónde nos quedamos cortos, y planificar nuevamente para el futuro. Eso es algo serio.

Es un momento de defender nuestro caso para obtener otro año de vida, de explicarle a Dios cómo planeamos utilizarlo productivamente y por qué Él debería concedérnoslo. Las implicaciones son muy serias. No tiene nada de malo tener un poco de miedo.

¿O sí?

Al enfocarme en el miedo y el temor, ¿estoy dejando pasar la oportunidad? ¿Estoy perdiendo de vista la esencia del día? ¿La esperanza inherente en él?

Cada año Dios nos da una oportunidad de comenzar nuevamente. Él nos permite “borrar la pizarra” y comenzar de Nuevo. Es una valiosa oportunidad.

Una buena amiga mía se mudó a otra ciudad justo cuando su hijo estaba comenzando la secundaria. Si bien esto puede ser traumático para algunos, ella me dijo que su hijo estaba esperándolo ansiosamente. “Quiero la oportunidad de volver a empezar”, le dijo a su mamá, “en un lugar en donde nadie me conoce”.

Nadie tiene ideas o expectativas preconcebidas. Él no está etiquetado o dentro de un grupo acotado.

Rosh HaShaná y Iom Kipur proveen una oportunidad similar para nosotros. No estamos atrapados en los errores del pasado. No estamos limitados por las viejas fallas de carácter.

Podemos comenzar de nuevo. Podemos ser esa misma persona que “nadie conoce”, porque podemos cambiar quienes somos. Y a pesar de que los adolescentes son esclavos completos de las opiniones de sus pares, nosotros como adultos sabemos que no necesitamos someternos o sentirnos limitados por las percepciones de otros.

Somos realmente libres para ser quienes queramos ser. Esto siempre es verdad, no solamente en las Altas Fiestas. Pero siempre estamos tan ocupados; tan distraídos; tan colapsados. ¡¡¡Estamos tan cansados!!!

Rosh HaShaná y Iom Kipur nos obligan a detenernos. Nos obligan a pensar; el shofar se asegura de que no nos quedemos dormidos.

Puede que aún sientas algo de temor, porque el cambio puede ser doloroso. Y definitivamente es un gran esfuerzo. Pero aún así puede compensarse con la excitación de las nuevas posibilidades, con la emoción de los nuevos comienzos, con la anticipación de segundas oportunidades.

En Rosh HaShaná y Iom Kipur tenemos una segunda oportunidad. ¡No disfrutaré Sucot tanto si no aprovecho estas oportunidades al máximo!