Hay una idea maravillosa en la historia de Noaj que siempre se me viene a la mente en momentos como este. Cuando Noaj y su familia abordan el arca, la descripción es un poco extraña. “Noaj, con sus hijos, su esposa y las esposas de sus hijos con él, entraron al Arca…” (Génesis 7:7). Hubiera sido más natural decir, “Noaj, su esposa, sus hijos y sus esposas”. Pero sabemos que la Torá tiene una razón para todo. Noaj fue mencionado separado de su esposa y sus hijos fueron mencionados separados de sus esposas para enseñarnos una lección importante. El mundo estaba a punto de ser destruido. Era una terrible tragedia. Este no era el momento de disfrutar del placer de la intimidad matrimonial. Sería insensible experimentar ese tipo de alegría personal mientras el resto de la creación de Dios está siendo destruida.

Una vez leí una versión contemporánea de esa actitud. Cuando las noticias del destino de los judíos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial comenzaron a fluir en Estados Unidos, hubo aquellos que continuaron en una actitud de “todo sigue como siempre”. Pero hubo otros que adoptaron una variación de la lección de Noaj. Una de las famosas Rebetzins de esa época no vivía con lujos, pero sí tenía una pequeña costumbre placentera. Cada noche después de la cena ella disfrutaba su té con miel. Pero cuando escuchó las noticias, renunció a él. ¿Cómo podía ella disfrutar su “té con miel” cuando sus hermanos sufrían de esa manera? ¿Cómo podía seguir como si nada? Ella sintió que tenía que dejar algo para demostrar su empatía, su preocupación.

No estamos obligados a dejar de lado la intimidad física en momentos de dificultad para el pueblo judío. De hecho, las mujeres judías en Egipto fueron alabadas por salir a los campos a seducir a sus cansados y desesperanzados esposos, y al hacerlo aseguraron el futuro del pueblo judío. ¡Demostrar esperanza, continuar multiplicándonos frente al mal que nos oprime, es quizás la mejor venganza de todas!

Y sin embargo sentimos que debemos hacer algo. ¿Cómo podemos presenciar las luchas diarias de nuestros hermanos y hermanas en Israel y seguir con nuestras vidas como si nada hubiera cambiado? No podemos. Y la mayoría de nosotros no lo hace. Los judíos de Estados Unidos e incluso aquellos en Israel que no están involucrados en la lucha están haciendo actos de bondad sin parar —enviando dinero, ropa, artículos de baño, regalos— ¡y más que nada rezos! En el pequeño barrio de mi hija en Jerusalem, se hizo un llamado a hornear galletas caseras para enviarles a las tropas en Gaza. ¡Los inundaron con 200 bandejas! La entrega es asombrosa, inspiradora, impresionante y unificadora. Pero quizás podríamos hacer algo más.

Cada uno tiene que tomar su propia decisión, su propia elección, encontrar su propio lugar, pero quiero sugerir que también renunciemos a algo mientras Israel está bajo ataque —quizás ese café latte de Starbucks, quizás esa galleta de media tarde, quizás ese par extra de zapatos, quizás ese pedazo de chocolate— solamente algo. Puede ser muy pequeño. Puede ser muy privado. No necesitas decirme y yo no te voy a decir a ti. Pero es un recordatorio diario; el pueblo judío está en problemas. Ellos necesitan nuestra ayuda, ellos necesitan nuestro apoyo, ellos necesitan nuestros rezos.

Es un aspecto de sensibilidad. Sugiere que no solamente nos preocupan sus luchas, sino que nos identificamos con ellas. Sus luchas son nuestras luchas. Renuncia a un pequeño placer para que no nos tornemos insensibles y sigamos sintiéndonos unidos, como un solo pueblo.

En el libro de Dennis Prager, Why the Jews? (¿Por qué los judíos?) Él dice que las personas atacan a los judíos solamente por preocuparse unos de otros. Él responde que no es que los judíos solamente se preocupan unos de otros, sino que solamente los judíos se preocupan los unos por los otros. Sigamos demostrando en la mayor cantidad de formas diferentes y variadas que estas palabras son ciertas.