Siempre es un enorme recordatorio de “ser cuidadosos en juzgar al prójimo” cuando eres tú el receptor (¡claramente injusto!) de percepciones negativas.

En este caso, fue una simple ida a la farmacia la que motivó la reflexión. Por supuesto, nada es tan simple en estos días. Era en realidad la primera vez que estaba conduciendo desde mi caída (no hubieran querido estar detrás mío, especialmente si estaban apurados y tenía una gran compra que hacer. Todavía no puedo “levantar nada más pesado que una taza de café” (citando al cirujano ortopédico) así que llevé ayuda, mi hijo, que estaba convenientemente en casa por vacaciones de la universidad.

Él puso todas las cosas en el carro, especialmente los 10 kilos de harina multipropósito y la harina especial para pan. No estaba siendo extra cuidadosa; sólo estaba siguiendo las órdenes del doctor (¿sabían que el cumplimiento de ordenes por parte de los pacientes es el desafío más serio que enfrentan los doctores en tratar de curar a sus pacientes?). Y, además, no era tan terrible, porque realmente nadie estaba mirando y no era tan antinatural que él levantara todas las cosas pesadas.

Luego llegamos a la caja para pagar. Yo me paré ahí inmóvil mientras él descargaba todo el carro (de acuerdo, quizás puse unas cuantas cosas pequeñas). Y me quedé parada mientras él empacaba todas las bolsas (es una tienda sin personas que ayudan a empacar), cargaba el carro, lo llevaba hacia afuera y luego metía todas las compras en el maletero del auto.

Nadie nos siguió al estacionamiento, pero yo estaba consciente de los ojos críticos encima nuestro mientras pagábamos. Quizás yo estaba muy sensible o fui egocéntrica (ambas cosas ciertamente reacciones producto de mi lesión) pero no podía evitar sentir que las personas estaban juzgando. ¿Por qué yo estaba solamente parada ahí? ¿Por qué no estaba moviendo ni un dedo? Por supuesto, es lindo que mi hijo me ayude, pero ¿era apropiado que yo estuviera nada más parada ahí? Quería que la gente supiera lo de mi clavícula.

Déjenme agregar aquí que durante las primeras dos semanas después de mi caída use un cabestrillo. Pero por razones que no comprendo, y a pesar de que la fractura no mostraba signos de recuperación, el doctor consideró que ya no era necesario. Así que no había ningún signo externo de mi lesión. Asumí que el resto de los compradores estaban pensando que yo era floja, o que era una madre controladora, en fin, quién sabe qué pasaba por sus mentes…

Pero la verdad es que ellos probablemente no pensaban en mí para nada. La mayoría de las personas están demasiado ocupadas con su tema favorito —ellos mismos— como para desperdiciar demasiada energía en otros. Pero yo estaba preocupada con la impresión que estaba dejando. Tenía miedo de ser juzgada. Pensé que mi conducta sería mal vista.

Y eso me hizo pensar sobre las veces en que yo podría haber sido la persona del otro lado, preguntándome por qué un invitado no ayudaba más durante la cena; por qué una amiga se quedaba parada ahí a un costado mientras yo apenas podía cargar con mis paquetes; por qué los amigos de mis hijos no hacían un mayor esfuerzo para ordenar después de visitar mi casa. Sí, podría ser solamente flojera o mal carácter —las mismas características que según yo me estaban imputando a mí— pero quizás ellos también tenían una buena razón. Quizás ellos también tuvieron una lesión que necesitaba sanar o una herida que yo no podía ver y, por lo tanto, asumí que no existía.

Tengo una amiga que pasó por un trasplante de corazón hace muchos años. Ella tiene una etiqueta de discapacitado en su auto. Ella no se ve discapacitada. Algunas personas externas pueden pensar que ella está intentando ganarle al sistema. Pero ella tiene un problema interno que requiere una ventaja de estacionamiento. Nosotros solamente no lo podemos ver. Está oculto al ojo humano.

Todos tenemos desafíos —algunos físicos, algunos emocionales, algunos psicológicos— y muchos de ellos son privados. Antes de asumir y particularmente antes de que juzguemos a otros como inadecuados o peor, tenemos que recordar que no sabemos la historia completa. Te doy permiso de usar mi clavícula fracturada como una posible explicación; sé que yo la voy a usar.