"Tú nunca me escuchas". "Tú siempre te pones de su lado". "¡Tú nunca sacas la basura!". "¡Tú siempre dejas tu ropa sucia en el suelo!". "¡Nosotros nunca hacemos lo que yo quiero; siempre hacemos lo que tú quieres!".

¿Qué está mal en este escenario?

No hay matrimonio sin peleas, incluso los buenos. Es imposible que dos seres humanos diferentes vivan juntos durante años, día tras día, sin chocar. Las peleas son inevitables.

Lo que necesitamos son herramientas para pelear limpio. El verdadero problema en el ejemplo no son los temas, sino el estilo. No hubo una construcción gradual, no hubo negociaciones preliminares, no hubo diplomacia; fue guerra desde el comienzo.

La regla #1 para pelear limpio es empezar lento. No saltes al nivel más alto al comienzo. Dale una oportunidad a tu pareja. Una forma de evitar esta estrategia destructiva es a través de la regla #2: Sé específico.

La razón por la que esta pelea es particularmente improductiva y dañina es el uso de las palabras "siempre" y "nunca". Estas son palabras de pelea. Está garantizado que realmente irritarán a la otra persona. Está garantizado que serán provocadoras. Son un ataque personal (Regla #3: ¡Evita los ataques personales!) y conducen a daño y respuestas defensivas.

La estrategia más efectiva es enfocarse en la situación particularmente frustrante. "Estaba abriendo mi corazón contigo sobre una situación perturbadora en el trabajo y tu estabas viendo ESPN". "Cuando te pones del lado de mi hermano, me siento poco querida y abandonada". "Estoy tan agobiada con todas mis tareas y responsabilidades que el hecho de que no sacaras la basura me hizo explotar".

Esto no solamente suaviza la situación al enfocarse en una necesidad en específico en vez de montar un ataque general, sino que ilustra también otra exitosa técnica de batalla. Regla #4: Toma responsabilidad.

Tu esposo no es malo por no sacar la basura; tú simplemente no puedes funcionar así. Tú esposo no está mal por tomar el lado de tu hermano, pero así es como te hace sentir. No es que tu esposo no debería ver deportes mientras tu corazón se está quebrando… bueno, supongo que esta es una excepción. Es como les decimos a nuestros hijos adolescentes: no es que no confío en ti; son los otros conductores los que me dan miedo.

Y finalmente, regla #5: Reconoce que ambos están del mismo lado y quieren el mismo resultado. Cuando dos países fallan en la mesa de negociaciones e inmediatamente acaban en el campo de batalla, es frecuentemente porque sus metas son diametralmente opuestas (nosotros queremos existir; ustedes no quieren que existamos). En tal situación, la guerra escala rápidamente. Pero en nuestros matrimonios no estamos en lados opuestos. Estamos en el mismo lado. Ambos queremos una restauración de la paz. Ambos queremos reenfocarnos en nuestras metas compartidas.

Los países en guerra incrementan las hostilidades muy rápidamente. Las parejas que se aman debieran intentar calmar la tensión igual de rápido.

Debemos recordar que no somos bandos opuestos. Queremos la felicidad del otro. Frecuentemente es solamente un malentendido. "No me di cuenta cuán importante es para ti que yo saque la basura inmediatamente" (¿te da la impresión de que soy una maniática del orden?). "No sabía que mi ropa sucia te molestaba". (OK, ¡eso es demasiado!".) "Trataré de recordar ponerla en el cesto". "Pensé que a ti también te gustaba ir de excursión (sí, ¡por el centro comercial!) ¿Qué te gustaría hacer en vez?".

Si respiramos profundo antes de explotar, reconocemos las metas compartidas, disponemos de unas cuantas herramientas fáciles y, como siempre, contamos con la ayuda de Dios, no seremos capaces de evitar completamente las peleas en nuestros matrimonios, pero podremos asegurarnos de que al menos sean peleas limpias.