Soy conocida en un círculo muy pequeño por mis quejas sobre Facebook: los problemas de modestia, autoengaño, insensibilidad y daño a los demás; el no disfrutar la experiencia porque estás demasiado ocupado documentándola; convertirse en dependiente de los demás. La lista sigue y sigue...

Y justo cuando pensaba que ya había cubierto todo, ¡descubrí un problema nuevo!

Nuestros sabios enseñan, “Si haces una buena acción y presumes de ella, pierdes la recompensa por esa acción”. Tenemos muchas racionalizaciones que nos permiten presumir: solamente estoy compartiendo lo que hago con mis amigos; estoy intentando alentar e inspirar a otros; estoy intentando ayudar a la organización. Somos maestros de la racionalización; no hay fin para las excusas que nos hacen ver bien.

Pero yo creo que un poco de introspección (de acuerdo, quizás mucha) llevará a una conclusión diferente. Disfrutamos el honor que recibimos cuando publicamos sobre nuestras buenas acciones. ¡Tantos comentarios! ¡Tantas palabras de felicitaciones! Incluso en el mejor escenario, en donde nuestro motivo inicial puede haber sido puro, se nos sube a la cabeza. Nos afecta. Nos hace enfocarnos en el honor y la admiración recibida y no en la mitzvá realizada.

Puede motivarnos a hacer más, pero puede haber un costo. Sí, es cierto que el judaísmo cree que podemos empezar a hacer cosas por las razones incorrectas y terminar haciéndolas por las correctas. Pero una vez que el acto fue realizado, ¿cuál es la justificación para darle espacio a tu ego? Es solamente auto-engrandecimiento por el bien del auto-engrandecimiento.

Hay también un riesgo de que, en vez de motivar a otros, simplemente los hacemos sentirse inadecuados. Su entrega, sus esfuerzos, parecen reducidos en comparación con “todo” lo que nosotros hacemos. Esta puede no ser nuestra intención, pero puede ser el resultado. Debemos ser sensibles a esto. Sería irónico que en un esfuerzo por alentar a otros a dar y a ser bondadosos, terminemos siendo hirientes con ellos.

Además, aprendemos que la mejor forma de dar —no sólo financieramente, sino que cualquier tipo de dar— es anónimamente. Es entre nosotros y Dios. Nadie más tiene que saber.

Es tan maravilloso pensar en los demás. Es tan maravilloso estar involucrado en organizaciones de voluntarios y grupos de jésed (bondad) y ayudar a individuos y a grupos, y particularmente a las personas de nuestra comunidad de cualquier forma que podamos.

Pero, si hacemos eso, ¿por qué arriesgarnos a perder la recompensa, la conexión con nuestro Creador, el sabor de lo eterno, el placer del alma, publicándolo en Facebook?