Tenemos un mandamiento de no guardar rencor. Mientras que el sentimiento es con certeza bueno, la práctica es un poco más difícil (¡si fuese fácil, probablemente no necesitaríamos tener un mandamiento!). Y, contrario a la creencia popular, el Talmud en realidad sugiere que los hombres perdonan más, que ellos encarnan la cualidad de rajamim – compasión, mientras que las mujeres encarnan el juicio. Esto parece quedar confirmado en el ámbito de guardar rencores. Los hombres frecuentemente pelean – física o verbalmente – bastante intensamente. Pero ellos parecen seguir adelante rápidamente. La expresión física de animosidad de las mujeres es usualmente más apagada aunque sus habilidades verbales pueden ser bastante agudas. Pero nosotras nos aferramos al dolor y al resentimiento – por un largo tiempo.

Además de la prohibición de la Torá, hay algunas obvias razones prácticas y emocionales de porqué este es un pasatiempo improductivo. Daña cada relación que toca y nos come internamente, dañando nuestras almas.

En ningún lugar esto es más verdadero o más destructivo que en un matrimonio. Guardar rencor en contra de la pareja puede destruir el núcleo de la unión marital. Debemos trabajar muy duro para no caer en esta trampa.

Dado que es tan difícil, he compilado una lista de estrategias:

1. Decide sobre qué cosas vale la pena sentirse herido. No te fijes en pequeñeces o te enfoques en los detalles.

La mayoría de las mañanas, mi esposo se levanta antes que yo, prepara café para ambos y se sienta a estudiar en la mesa del comedor. La mayoría de las mañanas él también deja su taza de café en la misma mesa. Y la mayoría de las mañanas me irrita cada vez que la veo. ¿Cuán lejos está de la cocina? ¿No iba caminando de todas formas en esa misma dirección? ¿Soy su esclava? El hostil diálogo interno comienza a construirse.

Pero espera; me detengo. ¿No fue él quien preparó el café para ? ¿No está haciendo una actividad que yo apoyo? Y, lo más importante, ¿No es una cosa tan pequeña en el plan mayor? ¿No debería ignorarlo del todo y seguir adelante? La respuesta es un rotundo sí.

2. No conviertas lo obvio, las diferencias de género o las características de personalidad en un daño deliberado. Si tu esposo olvida comprar algo en su camino a casa, no es porque nunca te escucha o porque lo que tú dices no es valioso para él (¡yo sé lo que estás pensando!). Lo más probable, es que él esté distraído por estrés o que sea una persona de “panorama general” y no “concentrada en los detalles”. Escríbele una lista. Llama para recordarle. Haz tú una parte de eso. Pero no lo tomes de manera personal o como un comentario sobre la relación.

Mi amiga una vez se lamentó conmigo sobre la inhabilidad de su esposo para recordar nombres de los amigos de sus hijos. Yo podía ver adonde iba con todo eso. "A él realmente no le importa, no está interesado en nuestras vidas; les está haciendo daño". Pero yo no estaba cayendo en eso. Porque yo conozco a su esposo. Él es considerado y amable y muy involucrado con su familia. Él solamente tiene una mala memoria para los nombres. Él podría beneficiarse de un curso con Dale Carnegie pero no debería ser una fuente de dolor – o combustible para rencor.

3. Permítele a él (¡o ella!) acumular un poco de crédito en el banco que pueda "sacar" cuando comete un error. Digamos que no te llamó hoy del trabajo. Si él ha llamado todos los días durante los últimos 10 años y no lo hace hoy, quizás deberías estar preocupada por él pero no resentida o enojada. Él ha demostrado su preocupación y atención consistentemente. Debemos hacer juicios basados en las reglas, no en las anomalías. Esto funciona bien no solamente en nuestros matrimonios sino también en nuestra relación con Dios. Él hace tanto bien por nosotros y sin embargo nosotros tendemos a reaccionar mal cuando algo no sale bien ¡en vez de permitirle algo de "crédito" en el banco!

4. Practica “dejar pasar las cosas”. Estas pequeñas frustraciones – no existen. No son suficientemente importantes para que las notemos. Déjalas ir. NO lleves una lista. Mantente en movimiento hacia adelante.

5. Detén los pensamientos negativos en seco. Recuerda que la meta es el éxito del matrimonio. Ideas como "desquitarse" no tienen lugar aquí (¡o en cualquier parte en realidad!) Planear "hablarle a él de la forma en que él me habla a mí" o "¡dejar de cocinar a ver qué le parece!" es en realidad peor que guardar un rencor. ¡Es tomar venganza! Está de más decir que esta no es la forma en que construimos relaciones. Pero dado que es, desgraciadamente, fácil caer en este patrón, debemos cortar estos pensamientos de raíz.

6. Enfócate en el panorama general. Están construyendo una vida juntos, un futuro, un matrimonio. Habrá conflictos y luchas e irritaciones en el camino. Es inevitable. Es la vida. Ocurre en cada hogar y en cada matrimonio. Los matrimonios exitosos no son aquellos que no tienen desacuerdos o frustraciones. Los matrimonios exitosos son aquellos en los que la pareja sabe cómo dejar pasar las cosas y seguir adelante, y se concentran en lo bueno de cada uno y en el matrimonio. Decimos que cuando dos personas se casan se convierte en uno. ¡No guardarías un rencor en contra tuyo!

Mantén lo positivo a la vanguardia, saca lo negativo incluso de los quemadores traseros y siempre, siempre, siempre pídele ayuda a Dios.