Leí hace un tiempo un artículo que describía el conflicto en la vida de una madre joven con varios niños pequeños. Dado que a menudo era difícil conseguir una niñera —entre otras razones—, ella frecuentemente no podía asistir a las grandes reuniones familiares. Desgraciadamente, sus hermanos la atacaban en vez de comprenderla, y la criticaban en vez de juzgarla favorablemente y asumir que tenía buenas intenciones. Ella sentía que no tenía cómo ganar. Y no es la única que se siente así.

Demasiado a menudo algunos miembros de la familia —padres, hermanas, hermanos, tías, tíos (¡todo el árbol genealógico!)— presionan a las parejas jóvenes para que cumplan ciertas expectativas familiares sin tomar en cuenta sus necesidades.

Por naturaleza, algunos niños necesitan ajustarse más a los horarios. Las consecuencias de perder una siesta o de retrasar la hora de dormir para asistir a reuniones familiares pueden repercutir durante semanas. También algunas madres necesitan ajustarse más los horarios. Las consecuencias antes mencionadas también pueden tener repercusiones duraderas para ellas.

A algunos niños les encanta el auto. Algunos bebés que sufren de cólicos incluso encuentran el movimiento tranquilizador. Otros bebes en cambio, pueden gritar durante horas cuando son amarrados a sus sillas de auto. Incluso algunos adultos encuentran agotadores los viajes largos en auto. Especialmente si, como yo, sufres de mareo causado por el movimiento.

Algunas parejas son más tranquilas. Algunas disfrutan de las grandes fiestas. Algunas disfrutan de las veladas tranquilas, algunas prefieren una multitud ruidosa.

Las necesidades emocionales de las personas son complicadas, así como lo son también sus necesidades psicológicas. Y como mencioné anteriormente, siempre está el trauma de conseguir una niñera. Generalmente, cuando mis hijos eran pequeños, era más fácil simplemente quedarse en casa.

Sin embargo, a pesar de todos los potenciales obstáculos para asistir a una reunión familiar o evento, los miembros de la familia extendida rara vez son solidarios; rara vez son comprensivos.

Las necesidades de la familia parecen primordiales; las necesidades de la joven pareja/familia parecen irrelevantes. Pero al igual que una verdadera amiga es sensible a lo que su amiga realmente necesita, y vela por el bien de su amiga, así también debieran responder los preocupados y amorosos miembros de una familia.

La pregunta no debería ser “¿Van a venir?” o un más agresivo “¿Por qué no van a venir?” sino “¿Están felices?” “¿Puedo ayudarlos de alguna forma?”. La cuidadosamente pensada respuesta debería ser “¡Que prima más negligente eres por quedarte lejos!” sino “¡Que maravillosa madre eres por ser sensible ante las necesidades de tus hijos!”.

Rav Jacob Adler aconsejó a la madre al final del artículo de la revista Mishpaja: “Si no puedes asistir a todas las reuniones familiares, no deberías sentir que tienes que cumplir con estas expectativas. Deberías intentar ir si puedes —es bueno tener una relación con la familia— pero no tienes que ceder más allá de la cuenta para hacerlo. Si tus hermanos reclaman que no estás actuando como familia, déjales en claro que hoy en día estás enfocada en tu nueva familia; estás cuidando de tu familia inmediata. Nadie tiene el derecho de cuestionar tus prioridades”.

Quizás por el mérito de amar y comprender las necesidades de su joven familia, esta pareja finalmente recibirá más amor y comprensión de sus propios padres, hermanos, tías abuelas y primos… estoy intentando, como suegra, de morderme la lengua si alguna vez palabras como esas llegasen a salir de mis labios, y de mantener mis ansiosos dedos lejos del teléfono…