Mi hija tomó prestada recientemente mi vieja copia de ese clásico de educación de Faber-Mazlish, Siblings Without Rivalry (Hermanos sin rivalidad) (¡como si fuese posible!). Aunque la mayoría del libro se ha desvanecido junto con aquellos días locos de pañales sucios y noches sin dormir (¡Esperen! ¡Todavía tengo esas!), hay una parte que recuerdo vivamente.

Al describir los sentimientos del niño mayor hacia el recién nacido, ellos sugieren lo siguiente:

Imagina que tu pareja te abraza y te dice, “Querida, te quiero tanto y eres tan maravillosa que he decidido tener otra esposa igual a ti”.

Además, cuando la nueva esposa llega finalmente, tú ves que ella es muy joven y muy linda. Cuando los tres salen juntos, las personas te saludan a ti cortésmente, pero exclaman con euforia por la recién llegada.

Y si bien estoy en una etapa diferente de la vida, me pareció que la analogía puede ser adaptada y aplicada.

¿Que les parece consuegros sin rivalidad? o ¿abuelos sin rivalidad? Eso si es un desafío. Uno de mis nietos me dijo recientemente, “Me gusta más la casa de mi otra abuela”. Yo respiré profundo, mantuve la calma, y resistí la tentación de quitarle el juguete que le había regalado recién. Ni siquiera llamé a mi esposo llorando, aún.

“¿Por qué?” pregunté, determinada a continuar esa conversación tan interesante.

“Porque tengo un amigo que vive en la casa de al lado”, dijo él. "¿Puedo comer una paleta ahora?”.

“Por supuesto, ¡toma todas las que quieras!” respondí yo, mientras daba un suspiro de alivio (“te apuesto que tu otra abuela solamente te deja comer una…”).

De acuerdo, estoy exagerando un poco. Pero la rivalidad entre suegros y abuelos por el cariño de sus hijos y nietos puede ser peligrosa y destructiva, y debemos estar alerta.

Mientras estaba sentada en el salón, de mal humor, pensando en mis celos y mi mal carácter, sucedió que tomé el libro de mi amiga Miriam Hendeles, Mazel Tov, It's a Bubby! (¡Mazel Tov, es una abuela!) cuyo subtitulo es (y esta es la parte que me toca profundamente), "The Joys and Oys of Being a Mother, Mother In-Law…and Grandmother" (Las alegrías y sufrimientos de ser una madre, suegra y abuela). Y me reconfortó saber que no estoy sola. Con sensatez, humor y perspicacia, Miriam relata historias de sus propias luchas para ser “perfecta” en esos roles.

Todos sabemos que no fuimos padres perfectos así que estamos tratando de hacerlo bien esta vez. Pero es mucho más complicado. Generalmente estamos lidiando con extraños, con la distancia, con los problemas financieros, y con el bien más preciado de todos: nuestros hijos y nietos.

Necesitamos sabiduría, paciencia, y buenos amigos. No puedo hablar de las primeras dos pero, gracias a Dios, tengo lo último. Podemos compartir nuestras preocupaciones, nuestras luchas y nuestros valientes (y no tan valientes) esfuerzos por hacerlo bien. Y cuando es demasiado tarde para llamar a alguien, tomo el libro que es como tener la voz de otra amiga en mi oído.

Por supuesto que sé que no es realmente una competencia. Por supuesto que me da gran placer que mis hijos sean cercanos a sus suegros y mis nietos cercanos a sus otros abuelos (¡por supuesto que soy una gran mentirosa!). Esa es la forma en que debiera ser.

Yo siempre digo que la educación es la real bondad desinteresada en la que participamos sin ninguna expectativa de recibir algo a cambio, en donde nuestra meta es (o debiera ser) solamente lo que es bueno para nuestros hijos.

Y, como padres amorosos, sabemos que una cálida relación con sus suegros es sana para nuestros hijos, que el amor (y los mimos) de dos pares de abuelos es un privilegio para nuestros nietos (¿Cuántos de nosotros ni siquiera conocimos a nuestros abuelos?). Ellos reciben calidez, seguridad, un sentido de tradición, ¡y probablemente demasiado helado!

A veces pierdo mi foco. A veces egoístamente quiero todo ese amor y atención solo para mi (y quizás para mi esposo también). Pero no por mucho tiempo. Porque en realidad sí quiero lo que es mejor para ellos.

Como con todo en la vida, tendemos a concentrarnos demasiado en los problemas (Sí, la casa es un desastre y hay migajas y lápices de colores por todas partes), y no lo suficiente en las alegrías (“Zeide, ¿acabas de regresar de China? Te extrañamos”). Es ese molesto ietzer hará intentando interponerse en mi relación con mis hijos y mis nietos. Pero es un nuevo año y no lo dejaré interferir.

Voy a ser una madre y una abuela sin rivalidad. Tan pronto como haga galletas con chispas de chocolates para todos lo nietos y compre algunos juguetes por Internet…