Yo solía odiar volar en avión. Además de los problemas básicos de ansiedad, lo encontraba aburrido. E improductivo. Y una pérdida de tiempo. Yo no puedo realmente concentrarme así que no puedo hacer nada relacionado con el trabajo. Seguro que es más rápido que un barco, pero para mi personalidad compulsiva, sólo un poco. No podía esperar a aterrizar.

Pero mi actitud ha cambiado recientemente. A medida que las demandas, tanto personales como profesionales, han aumentado, he llegado a anticipar ansiosamente mi tiempo en el avión. Todo ese silencio. Todo ese tiempo privado. Toda la relajación sin interrupciones.

Siendo alguien que tiene problemas con la palabra que empieza con “n” (no), un avión es el perfecto escape. Soy ilocalizable (a menos que no pueda aguantarme y compre wifi) y no tengo responsabilidades, obligaciones o compromisos. No hay proyectos que completar, no hay clases que preparar, no hay comidas para las cuales comprar o cocinar, no hay llamados que hacer y no hay correos electrónicos que responder. Estoy solamente yo, mis audífonos, algo de música y un buen libro.

Vivimos en un mundo que celebra el ‘hacer’. Y yo vivo en un cuerpo que funciona de la misma forma. No estoy feliz a menos que esté haciendo algo. Yo sé que necesito aprender a solamente ‘ser’, pero siempre tengo una excusa de por qué no puedo simplemente quedarme quieta, y una lista de obligaciones para hacer. Los aviones me obligan a simplemente ser. Y en ese sentido, son un regalo.

Por supuesto que hay límites para solamente ‘ser’ (¡aunque nunca lo he hecho durante el tiempo suficiente como para saber cuáles son!) y no estoy lista para viajar a China o Australia, pero los vuelos nacionales se han convertido en un acontecimiento muy esperado para mí, tan valioso como las vacaciones o los viajes de negocios que les siguen.

Las aerolíneas están constantemente discutiendo la posibilidad de permitir los teléfonos celulares a bordo. Yo rezo para que nunca lo hagan. Suena insoportable, la paz y tranquilidad destruida por una disonancia de ruido mientras los pasajeros hacen sus llamadas y entablan conversaciones todo al mismo tiempo. Si los teléfonos celulares son permitidos en los aviones, mi paz será destruida. Si los teléfonos celulares son permitidos en los aviones, mi privacidad desaparecerá ¡y ni siquiera podré concentrarme en mi novela chatarra! Ya no esperaría con placer esas pocas horas de tiempo tranquilo, porque no existirían.

Espero que podamos mantener este valioso baluarte. Espero que todos reconozcan que necesitamos algunos lugares libres de teléfonos celulares y algo de tiempo para sentarnos a pensar y reflexionar.

Estoy lista para un descanso y no puedo esperar a mi siguiente vuelo. Pero si la experiencia de avión se convierte en ruidosa y desagradable como la mayoría de los restaurantes y estadios deportivos, entonces será momento para un cambio. Me pregunto cuál será el itinerario de la compañía de trenes…