Siempre le digo a mi esposo que hay sólo una cosa material que realmente quiero y creo que eso marcaría una diferencia cualitativa. No es algo posible debido a la configuración de nuestra casa, los requerimientos de zonificación y el balance de nuestra cuenta de banco, pero realmente me gustaría tener un baño dentro de nuestra habitación.

Cuando viene toda la familia para Iom Tov, me siento como si viviera en una residencia universitaria y no puedo imaginar por qué alguien puede desear compartir un baño, mucho menos con miembros del sexo opuesto.

La situación no sólo parece poco digna, sino que hay una notable falta de privacidad, una fila constante esperando para entrar y pañales… ¡Pañales por todos lados!

Pero eso no es lo peor de todo. Incluso la inconveniencia de tener que vestirse por completo cada vez (incluso en medio de la noche) es insignificante en comparación con el mayor desafío de todos: ¡No puedo fingir que sigo durmiendo!

Si tuviera mi propio baño, nadie sabría cuándo me desperté. Podría comenzar sin prisa. Y a pesar de que me encanta oír cómo mis nietos me dicen “Bobe” cuando salgo de mi habitación, creo que podría disfrutarlo de la misma forma una hora más tarde.

Pero una vez que salgo de mi habitación, comienza el juego. Todos saben que estoy despierta y disponible para jugar, sostener bebés, preparar el desayuno, ir una y otra vez al supermercado y leer cuentos. Todo es completamente maravilloso... y absolutamente agotador...

Fuera de mudarnos (no hay planes por el momento), no estoy segura cómo se puede resolver la situación. Así fue toda mi vida de casada y pensé que había hecho las paces con eso. Pero de vez en cuando me gustaría volver a meterme en la cama y taparme la cabeza. Por lo menos me gustaría tratar de volver a dormirme. O moverme un poquito más lento...

De cualquier forma, como Daieinu me recuerda una y otra vez, incluso si nunca consigo un baño dentro de mi habitación (o cualquier otra cosa en esa lista) mi gratitud a Dios por todo lo bueno que Él me ha dado no tiene límites. En verdad no me estoy quejando, sólo reflexiono... (Sí, en serio). Supongo que si debiera tener ese baño dentro de mi habitación, lo tendría. Y si tuviera que dormir un poco más, también eso estaría disponible.

E incluso es posible que no lo desearía. Me sentiría como si estuviese desperdiciando mi valioso tiempo. Por suerte Dios no me ha puesto en la situación de elegir. En realidad sí lo hizo, sólo que no la elección que yo imaginaba. Puedo elegir abrazar el caos, la conmoción y la multitud en el pasillo (¿mencioné que están justo al lado de la puerta de mi habitación?), o puedo quejarme de eso. Pero ¿Por qué hacerlo? Allí están paradas las personas que más quiero en el mundo.

Y me encanta verlos, a cualquier hora... Bueno, casi...