"¿Cuál es tu posición en cuanto a Facebook?" le preguntaron a mi amiga en la entrevista para la secundaria de su hija.

Mi amiga, una persona hábil con las computadoras y una madre práctica estaba preparada. "Todas nuestras computadoras están en un área abierta y pública con acceso a sitios de Internet monitoreados de cerca. También tenemos un excelente filtro instalado y yo soy la única que conoce la contraseña".

"Excelente", respondió la directora, mientras chequeaba su lista para la siguiente pregunta. Claramente habían acabado con este tema. ¿Pero lo habían cubierto en realidad?

Por supuesto, es importante supervisar la participación de nuestros hijos con los medios sociales. Pero las razones son más profundas y más complejas que las anteriormente mencionadas. No se trata solamente de “predadores”. Esa es la amenaza más sensacionalista y aterrorizante. No hay palabras para lidiar con el horror que invoca. Sin embargo (estoy sin estadísticas aquí pero estoy segura que mis lectores me corregirán), no estoy segura que las probabilidades de un encuentro real en persona sean tan grandes. Sí, es verdad que en este caso incluso la más pequeña probabilidad es un problema. Pero cuando un peligro capta toda nuestra atención, perdemos de vista riesgos más sutiles e insidiosos.

Creo que Facebook plantea una seria amenaza a nuestro carácter en diversas formas.

Otra amiga mía me contó que, para sus contemporáneos, Facebook se ha convertido en un medio para presumir, una oportunidad de publicar sobre vacaciones exóticas, elegantes remodelaciones de hogar, y aceptaciones a universidad de los hijos, todo bajo la inocente trampa de "solamente los estoy manteniendo al día, solamente compartiendo información".

No solamente mi amiga sospecha de sus motivaciones sino que lamenta cómo esto le afecta a ella, su maravilloso viaje familiar ahora parece inadecuado, su casa demasiado pequeña y pobremente amoblada, los logros académicos de sus hijos deslucidos. La llama de los celos ha sido encendida y alimentada. Sentimientos de descontento abastecidos mientras otros se meten en la conversación con sus "yo puedo superar lo tuyo" historias de vacaciones y de hogar. Y, por supuesto, con ellas el potencial de rebajar a esta "afortunada" amiga a través de la calumnia… Pero eso no es todo.

A menudo, la ignorada consecuencia de publicar todos (o los principales) detalles de tu vida privada en Facebook es una falta de modestia, de dignidad, de preservación del ‘yo’ interno. Si cada idea, fotografía, experiencia, es compartida con (cientos de) amigos, ¿qué queda de nuestro núcleo, de nuestro ‘yo’ interno? El judaísmo nos enseña que la modestia es una forma de ser, no se trata solamente de la vestimenta sino también de la actitud. Es cómo hablamos, el tono, las palabras, el contenido. Es cómo nos comportamos. Es cómo protegemos lo que es privado, lo que es especial, lo que es único. Es el sentido de que la vida espiritual tiene precedencia por sobre la vida material. Es el opuesto de la exposición en Facebook

“Todos los demás están compartiendo, ¿cómo no voy a contestar?”. Confieso no haber enfrentado el desafío. Nunca ingreso al sitio. Nunca he sido “amiga” de nadie (¡pienso que aún así tengo una vida gratificante!). No he experimentado la emoción de contactar conocidos perdidos hace mucho tiempo o la tranquilidad del consejo instantáneo de qué darles de cenar a mis hijos.

No he presumido sobre mis últimas vacaciones (quizás si las pudiera recordar lo haría) o leído sobre las de otra persona con ilusión (y frustración). Hay suficientes oportunidades para los celos sin buscar más.

No he sido puesta en una posición en la que desparramar detalles de mi vida privada es algo de rigor, y por lo demás, tan fácil de hacer. No me he enfrentado al desafió, así que no tengo todas las soluciones y estrategias.

Pero sí sé que cuando tenemos algo especial y preciado, queremos preservarlo. Ponemos cercas alrededor de nuestras elegantes casas y escondemos nuestras joyas finas en nuestras cajas fuertes. Las cercas nos ayudan a evitar la tentación.

Todos estamos en riesgo. Facebook nos alienta a bajar la guardia. Facebook recompensa conductas que son la antitesis de la meta de modestia del judaísmo. El resultado en una desafortunada insensibilidad ante la idea de privacidad y dignidad. Me temo que ese puede ser el mayor riesgo para todos nuestros hijos, un riesgo que la directora de mi amiga no estaba preparada para enfrentar.