El otro día estaba en la cocina y recibí una descarga eléctrica. No en sentido figurado, sino literal. Quise desenchufar la batidora, supongo que tenía las manos mojadas y recibí una verdadera descarga eléctrica. Fue la primera vez que me pasó. Fue muy breve. Pero intenso. Y me llevó a pensar en el poder de las cosas pequeñas, sobre lo que puede ocurrir en un instante.

Es obvio que en un instante pueden ocurrir experiencias peligrosas y dolorosas, que Dios no lo permita. No hace falta ensayarlas. Acciones desconsideradas y palabras hirientes pueden ocurrir en un instante. Tampoco vamos a ensayar esto, aunque es importante tenerlas en mente.

Pero también hay actos pequeños, significativos que pueden ocurrir en un instante. En un instante podemos sonreírle a una persona desconocida. O a una amiga que realmente lo necesita. En un instante podemos levantar el teléfono o mandar un email a un conocido solitario. En un instante podemos ayudar a nuestra vecina anciana con sus compras (de acuerdo, eso lleva un poco más) o invitarla para la cena de Shabat. En un instante podemos alentar a nuestros hijos con una palabra amable, hacer que nuestro esposo se alegre de haber llegado a casa cuando lo recibimos con amabilidad.

Nunca olvidaré la sonrisa de una compañera de la escuela secundaria. Ella era mayor que yo. Nunca supe su nombre. Pero cada vez que nos cruzábamos por los corredores ella me sonreía y en ese momento me sacaba de mi bajón adolescente. Siempre le estará agradecida.

En un instante podemos dejar la cena en la casa de una amiga que pasa por un momento difícil (no dije que preparar la comida lleve sólo un instante). En un instante podemos asomar la cabeza en la habitación de hospital de una persona conocida, sólo para saludarla. En un instante podemos preguntarle a nuestro hijo cómo le fue y concentrarnos en su respuesta.

Los instantes son poderosos. Podemos lograr mucho en un momento, y también podemos desperdiciarlo. ¿De qué están hechos nuestros días si no de una progresión de momentos? En el musical “Hello Dolly” (No piensen que estoy revelando mi edad, lo están reponiendo en Broadway), hay una canción de amor, “It Only Takes a Moment” (Sólo toma un momento). Aunque esa filosofía no sea realmente el camino judío, podemos tomar prestada la idea. Podemos usar el tema.

Es un solo instante se puede hacer mucho bien. No tenemos que esperar a tener el “tiempo” para comenzar un gran proyecto, hasta que nuestros hijos crezcan, hasta que esta fase del trabajo acabe… No es necesario esperar para los actos pequeños pero no menos significativos.

En nuestras vidas ocupadas y agitadas podemos decir que apenas tenemos tiempo de respirar (¡algunos días de verdad lo pienso!) y entonces ignoramos estas oportunidades. Pero si recordamos que “sólo lleva un instante”… ¿quién sabe todo lo que podríamos lograr? ¿Quién sabe a cuántas personas podríamos alentar, cuántas vidas podríamos alegrar, qué diferencia podríamos hacer en el mundo?

Agradezco haber sido sacudida fuera de mi autocomplacencia y poder valorar el verdadero poder de un solo momento.