Todo el mundo se lamenta por la violencia que hay en el cine, en la televisión y en los juegos de computadora. Ésta nos ha desensibilizado ante la realidad de la verdadera violencia, y su destructividad nos impacta hasta lo más profundo de nuestro ser.

También nos enoja la inmoralidad sexual que se muestra en esos mismos medios. Nos desensibiliza respecto al real potencial de la intimidad. Evitamos la vulnerabilidad y ocultamos nuestro yo interno.

Adicionalmente, las calles de las principales ciudades del mundo están llenas de indigentes pidiendo dinero y durmiendo en las veredas. Estamos desensibilizados ante la pobreza y las enfermedades mentales. La constante presencia de indigentes y sus incansables peticiones de limosna nos alejan de su humanidad y endurecen nuestras almas.

Hay tantas formas en las que estamos desensibilizados. Y recientemente he descubierto un inesperado y nuevo aspecto de este fenómeno.

También somos insensibles a la alegría. Recibimos tantas invitaciones a tantas celebraciones diferentes, que ya no las apreciamos. Nos cuesta trabajo involucrarnos en la celebración y empatizar con la felicidad del otro, lo cual impacta a su vez nuestra habilidad de apreciar lo bueno incluso en nuestras propias vidas.

En vez de alegrarnos a medida que se acumulan invitaciones a bodas, en vez de maravillarnos con la constante esperanza y renovación del pueblo judío a pesar de las amenazas externas, nos quejamos. “Estoy tan ocupado”. “Estoy tan cansado”. “¿Realmente tengo que ir?”.

Hace unos años, cuando una de mis hijas se casó, uno de los invitados escribió la siguiente tarjeta de confirmación: “No voy a poder asistir esta vez, pero estoy seguro de que como tienes tantos hijos, eventualmente podré asistir a alguna boda”. Como si mis hijos fueran intercambiables y sus experiencias individuales fueran irrelevantes.

Esta respuesta personifica la actitud desensibilizada. Lo que hace que la violencia se vuelva irrelevante a nuestros ojos es la absurda (y constante) cantidad de violencia que hay en todos lados. Quizás lo mismo es verdad respecto a la alegría. Nos hemos acostumbrado a ella. Dios nos ha bendecido con tanta alegría que ya no apreciamos el regalo.

Y hemos olvidado la individualidad. Los juegos de video nos permiten arrasar con “filas de personas” con disparos de ametralladora, removiendo de las víctimas ficticias cualquier tipo de semblante o particularidad, y esto se ha convertido en nuestra actitud y perspectiva.

El nacimiento de este niño es igual al nacimiento de su hermano mayor. Fui al primer brit milá; ¿no es eso suficiente? Si fuiste a una boda, has ido a todas.

Sin embargo, si damos un paso atrás entenderemos que ciertamente esa no es la forma como nos sentimos sobre nuestros propios hijos, y definitivamente no es como Dios se siente sobre los de Él.

Cada brit milá, bar/bat mitzvá, graduación, boda o nieto es un regalo único y especial, una oportunidad de celebración y apreciación.

Cuando llegue tu próxima invitación por correo, recíbela con emoción.

Ten en mente que cualquiera sea la celebración, los pasos que llevaron a esa persona en particular a esa instancia, fueron los mismos que los de tu hijo o hija.

Todos los tipos de desensibilización son en realidad lo mismo. Las otras personas “no son tan reales” para nosotros… y finalmente, con esa actitud, nosotros no somos tan reales con nosotros mismos. Hemos perdido la visión del regalo de la vida, de nuestro potencial único, de nuestra conexión Divina. Si entendiésemos la santidad única de cada ser humano, estaríamos buscándola ávidamente en lugar de desviar la mirada hacia el costado. No cometeríamos el error de asumir que los individuos son intercambiables.

Puede que sea demasiado tarde para revertir la insensibilidad ante la violencia, la promiscuidad o la pobreza (aunque ciertamente espero que no lo sea), pero quizás todavía no es demasiado tarde para revertir la insensibilidad ante la alegría.

Cuando llegue tu siguiente invitación por correo, recíbela con emoción. Maravíllate ante la oportunidad. Siente agradecimiento por ser parte de ella. Mientras el mundo se oscurece a nuestro alrededor en manos de la violencia, las guerras y el terrorismo, estos momentos de alegría son ciertamente muy preciados.