Cuando estábamos recién casados, vivimos en un departamento en la Ciudad Vieja de Jerusalem. Compartíamos el patio con nuestros tres vecinos. Un año, antes de Sucot, vimos que nuestro vecino construyó su “cabaña” y llevó a ella su aire acondicionado (hacía calor y él quería estar cómodo) y su televisor. Aunque intenté no juzgarlo, me temo que lo hice. Me impresionó que sintiera la necesidad de llevarse el televisor a la sucá. Creo que se me puede perdonar por haber pensado que tal vez mi vecino no había entendido el punto de la festividad.

Aunque por cierto decoramos nuestra sucá para dar realce a la experiencia de la fiesta, el foco no está en lo material. De hecho, en verdad es exactamente lo contrario. En Sucot nos detenemos para pensar cuán poco necesitamos del mundo material. Nos sentamos afuera, bajo el cielo estrellado, vulnerables ante el clima, y reflexionamos sobre nuestra dependencia de Dios.

Esto no es algo fácil de lograr. Con nuestros platos elegantes y la comida sofisticada de Iom Tov, no es la mejor manera de conseguirlo. Es fácil perder de vista el objetivo.

Supongo que por eso me molestó tanto su TV. ¡Porque mientras más llevamos de nuestra casa a la sucá, menos es una sucá y más es nuestra casa!

Por supuesto, la verdadera razón por la que me molestó debe haber sido que yo también experimentaba un poco ese desafío. Aunque no puedo llevar un televisor a mi sucá porque no tengo uno, no puedo decir que me entrego por completo a la simpleza de la festividad.

No puedo decir que sólo necesito espiritualidad y que nada más me importa. Hay tantas cosas que se interponen, material y psicológicamente. Pienso cuándo calentar la comida, cómo mantener limpio mi vestido nuevo (¡por supuesto que lo compré sólo en honor a la festividad!), si hay suficiente comida para todos, si resultó como lo habíamos planeado, si estoy comiendo demasiado, quién se va a quedar despierto para ayudarme a lavar los platos, cuán temprano se van a despertar todos al día siguiente, que debería haber contratado más ayuda para limpiar… ¡Y estas son sólo las preocupaciones que estoy dispuesta a manifestar en público!

Sin embargo es Sucot, tengo todo lo que necesito y Dios me cuida por completo. No quiero el ruido externo de un televisor porque tengo demasiado ruido interno que intento acallar.

Por eso este año intentaré vivir el momento y experimentar la bondad de Dios. Ser agradecida por lo que tengo, disfrutar la vulnerabilidad y no sentirme amenazada por ella. Enfocarme en lo espiritual y no en lo material. Profundizar mi relación con Dios y entender que dependo de Él por completo. Si realmente logro enfocarme, espero que la energía de la fiesta logre ahogar el ruido en mi mente. Eso es lo que pido en mis rezos.

Sólo espero que el postre esté tan delicioso como pensamos…