Debería empezar a hacer todas mis compras en línea. No sólo ahorraría tiempo sino que también evitaría todas esas situaciones complicadas que enfrento constantemente. ¿Qué fila escoger, cuántas veces dejar que alguien pase antes que yo, qué hacer cuando se enojan conmigo por no dejar pasar más gente, cómo evitar gritarle al tipo que se me adelantó en el estacionamiento? Y la mayor pregunta: ¿debo regresar caminando al supermercado para devolver el carrito?

Dado que el supermercado ofrece una muestra representativa de la población, es un buen lugar para analizar cómo avanzo en mi meta de practicar la idea judía de amar a la humanidad.

La famosa (o infame) expresión: “Amo a la humanidad, pero no soporto a las personas” parece resumir nuestro dilema. Queremos preocuparnos por cada individuo, ¡pero algunos de ellos lo hacen tan difícil! En algunas situaciones, es muy difícil practicar lo que predicas.

Detente un momento y recuerda que ese individuo fue creado a imagen de Dios.

Mi esposo me enseñó una herramienta efectiva. Antes de cada interacción, detente un momento y recuerda que ese individuo fue creado a imagen de Dios. Esta perspectiva lo cambia todo. Respiro profundo y los trato con mayor consideración, con más compasión.

Como con todos los nuevos intentos de crecimiento, Dios me da oportunidades constantes para demostrar si mi decisión es seria. Poco después de haber adoptado esta herramienta, un auto me chocó de atrás cuando estaba parada en un semáforo. Había una larga fila de autos, nadie se movía. Sólo pudo pasar porque el conductor no miró (probablemente enviaba un mensaje de texto). Además, yo iba a dar una clase y no quería llegar tarde. Me detuve y pensé en la técnica de mi esposo. Por suerte ni el auto ni yo sufrimos daños, así que la prueba no fue tan grande como parecía en un comienzo. La otra conductora se sintió aliviada de que todo estuviera bien, se disculpó profusamente (ella tenía un día difícil, traté de ser empática pero parece que era demasiado…) y me dio un abrazo. Francamente me sorprendió. Regresé al auto y (bastante) calmada seguí conduciendo, aliviada de no haber perdido el control, de haberme mantenido enfocada en la humanidad de la otra conductora.

En una buena racha, logré interacciones agradables en mi siguiente visita al supermercado (todavía no había aprendido a comprar todo por Internet) y en la tintorería.

Pensé que realmente lo había logrado. “Todos fueron creados a imagen de Dios” me llevó lejos. Pero entonces alguien me trató de forma grosera en la farmacia, otro me trató como una idiota en el banco, el resto de los pasajeros se me adelantaron para bajar del avión y un conductor me pasó e hizo un gesto obsceno. Di dos pasos hacia atrás. Se requería más que respirar profundo para recordarme que también esos individuos fueron creados a imagen de Dios.

En medio de este nuevo ejercicio, mi esposo hizo un viaje corto a una gran ciudad de los Estados Unidos. A una calle de distancia de las grandes y lujosas tiendas, estaba lleno de indigentes, de adictos (y de las clínicas que proveen jeringas gratis), enfermos mentales, personas sucias, pobres... No estoy segura la humanidad de quién debe cuestionarse más, si la de aquellos que despreocupadamente compraban una calle más arriba o la de esas criaturas pobres y drogadas. Otra vez hacía falta algo más que respirar profundo.

Por supuesto que entendí que hace falta más que respirar profundo, porque decir que todos fueron creados a imagen de Dios no es sólo una linda herramienta, sino que requiere un profundo reconocimiento interno. Esta idea sólo tiene significado si está firmemente arraigada en la consciencia. No es una técnica para antes de conocer a alguien; es una visión del mundo, una forma de enfrentar la vida. Es la única forma de practicar el amor verdadero, la única esperanza para la humanidad y para la verdadera paz mundial (y no la versión de concurso de belleza).

Cuando es fácil (cuando se trata de nuestros amigos, cuando son personas como nosotros), nos engañamos pensando que hemos integrado este entendimiento. Pero cuando no es así, vemos que nos queda un largo camino por recorrer.

Usar esta herramienta es mejor que nada, pero la meta realmente es cambiar mi enfoque, cambiar mi entendimiento para llegar a ver la idea de que cada ser humano fue creado a imagen de Dios no como una estrategia, sino como una afirmación de realidad.