Mis hijos casados estaban de visita durante sus vacaciones de verano. Y así como las parejas jóvenes que viven en Israel suelen hacer cuando vienen a Estados Unidos, ellos se abastecieron de víveres. Uno de los ítems más apreciados fue una botella grande de extracto puro de vainilla (un ingrediente muy difícil de encontrar en Israel y, como todas ustedes cocineras saben, ¡imposible de remplazar con esa terrible imitación!). De hecho, todo el tiempo que estuvieron aquí, mi hija seguía repitiendo el mismo estribillo: "Tengo que comprar vainilla".

Anticipando un refrigerador que pronto estaría lleno de delicias recién horneadas, ella empacó la vainilla con mucha excitación en su equipaje de mano. Sí, fue un error. Sí, probablemente se debió a que esperaron hasta el último minuto para empacar. Sí, eso es lo que pasa cuando terminas de empacar a las 3 a.m. Pero a todos nos ha pasado… (¡Aún estoy de duelo por una natilla confiscada hace unos cuantos veranos!).

Tuvimos una triste despedida en el aeropuerto y ellos se abrieron paso hacia seguridad, felizmente ignorantes de lo que estaba a punto de acontecer. Cuando su equipaje de mano fue pasado por rayos X, un agente de la TSA divisó la sustancia peligrosa e inmediatamente retiró la botella de vainilla de su equipaje. Y mi hija hizo la única cosa que podía hacer en ese momento, ¡se puso a llorar!

Su esposo, menos llorón y muy habilidoso, pensó rápidamente. Corrió a una de las tiendas del aeropuerto y compró una bolsa de cosméticos que contenía botellas de un tamaño aprobado. Luego procedió a vaciar la botella grande de vainilla en las varias botellas más pequeñas (¡eso si es usar tu idishe kop!). Ahora ellos podrían atravesar seguridad sin impedimentos (¿Cuán absurdo es eso?).

¿Cuál es el mensaje aquí? (En realidad no hay ninguno, ¡pero la historia era demasiado buena como para no contarla!).

En realidad pienso que hay unas cuantas lecciones aquí sobre cómo reaccionar ante las situaciones, en lo específico y en lo general. Solamente voy a enfocarme en una (¡y voy a evitarle a mi hija mayor vergüenza obviando la discusión de cómo no reaccionar!).

"Tienes que reírte". La vida requiere, no, mejor dicho demanda, un sentido del humor. No es un lujo; es obligatorio. Hay muchos desafíos y ridiculeces que solamente pueden enfrentarse con humor. Bueno, supongo que podrían enfrentarse con enojo, frustración y otras conductas destructivas pero esta es la respuesta saludable.

Cuando estás despierta en la mitad de la noche, cambiando sábana tras sábana, limpiando piso tras piso porque hay un virus estomacal en tu casa, necesitas sentido del humor (¡siempre y cuando tus hijos no te hayan contagiado!).

Cuando tu lavadora de ropa, tu secadora y tu horno se descomponen en la víspera de Iom Tov, necesitas sentido del humor.

Cuando regresas a casa de la boda de tu hija para descubrir que alguien ha estado falsificando cheques en tu nombre y que el departamento de fraudes no pudo ubicarte porque estabas ocupada bailando (!), necesitas sentido del humor.

Podría seguir. El humor nos da perspectiva. "En el gran esquema de las cosas…" nos saca de nosotros mismos y de nuestras insignificantes obsesiones.

Es una efectiva, y maravillosamente placentera, herramienta de enfrentamiento.

Debemos cultivar nuestro sentido del humor. Debemos entrenar a nuestros hijos para que desarrollen el de ellos. Debemos acceder a él durante los tiempos difíciles. El humor salva matrimonios, trabajos, relaciones padre-hijo. "La risa es la mejor medicina". Con certeza Dios nos la dio por una razón, para utilizarla productivamente. Y así como todas las otras características positivas, vale la pena desarrollar nuestro sentido del humor a su máximo potencial.