Hace poco fue mi cumpleaños. No era uno de esos cumpleaños de un gran número; en verdad no era algo muy importante. ¡Y nadie le dio demasiada importancia! ¿Me sentí un poco decepcionada? Supongo que sí. A pesar de saber que es una tontería. Aunque sé que en verdad debería aprovechar la oportunidad de un cumpleaños para agradecer a todos los que me ayudaron a llegar hasta aquí: padres, esposo, hijos, amigas. Aunque sé que un cumpleaños en realidad no señala ningún logro; que cada año, cada día es un regalo de Dios.

Sin embargo, me sentía un poco triste (¡aunque la torta helada sorpresa en la casa de mi hija definitivamente ayudó!), hasta que otra hija compartió esta hermosa historia.

En la shivá por su padre, la amiga de mi hija contó que su madre nunca quiso regalos de cumpleaños. Ella siempre le decía a su padre: “El dinero que gastarías en un regalo, puedes darlo de tzedaká”.

¡Uau! (Ahora no me sentía triste, me sentía humillada). Su padre era un hombre muy generoso (es decir que los regalos podrían haber sido grandes diamantes), así que su casa estaba llena de placas y otros regalos de todas las organizaciones de beneficencia a las que él donaba su dinero. Mientras caminaba por la casa, su hija las señalaba: “Esta es del cumpleaños número 35 de mi madre, este de cuando cumplió 36, de sus 40..."

Su hogar daba testimonio del deseo de su padre de dar, y el deseo de su madre de no tomar, sino también dar a los demás.

Recibí mi lección. Mientras yo estaba ocupada enfocándome en los detalles triviales del día, otros construían un legado duradero. Ellos aprovechaban la oportunidad de su cumpleaños para pensar en otros, para ayudar a los demás, para crear algo eterno.

No estaban enfocados en sí mismos. No se trataba de “yo, yo, yo”. Creo que, para muchos, nuestra experiencia de los cumpleaños de la infancia sigue dando forma a nuestra perspectiva adulta. Es un día dedicado a satisfacer mis deseos. ¿Qué clase de fiesta tendré (princesa o Disney)? ¿Qué clase de entretenimiento (mago o payasos)? ¿Qué actividad (manualidades, cerámica o algo más elaborado)? ¿Qué menú? (Los cupcakes ya no parecen ser suficientes… ¡Uno de mis hijos quiso sopa de zapallitos y uno de mis nietos quesadillas!).

A pesar de que las fiestas con frecuencia terminan en decepción para el invitado de honor, seguimos haciéndolas. Y la impresión y las expectativas persisten.

Llegó el momento de seguir adelante, dejarlo atrás, crecer. De crear algunas nuevas expectativas e impresiones. Pienso que la idea de dar caridad en nuestro cumpleaños como una expresión de apreciación a Dios por ayudarnos a llegar a ese día, le da significado y elevación al momento. Creo que agradecerles a los demás y darles bendiciones asegura que el día esté enfocado en otros y no sea sólo un ejercicio en ego. Estoy abierta a las sugerencias. Pienso que hay muchas maneras de utilizar el regalo de otro año como un trampolín para seguir creciendo y conectarnos con nuestro Creador.

Tal vez sólo un regalo chiquito para acompañarlo… Y, por supuesto, siempre una torta helada…