Hace unos años, una amiga estuvo presente en una clase de psicología de su hijo en la universidad. Mi primera pregunta fue: ¿Cómo logró tener un hijo que no se avergüence de que ella estuviera allí? Mi segunda pregunta fue: ¿Qué aprendió?

El profesor habló sobre la memoria y dijo que a la información que uno aprende al estar borracho, sólo se puede acceder estando borracho (¡Qué ejemplo interesante para un campus universitario!) De la misma forma, la información que se adquiere estando sobrio, sólo se puede acceder estando sobrio. En otras palabras, cuando se trata de la memoria, el contexto importa. Mucho.

Esto puede parecer un punto relativamente trivial, pero a mí me ayudó a entender con más claridad dos fenómenos. La ley judía enfatiza la importancia de tener un lugar y un tiempo fijo para estudiar Torá. Yo siempre asumí que ese consejo era para mantener la disciplina y la consistencia. Sin dudas este es un componente. Pero entendí que es mucho más profundo: tener un lugar y un momento fijo facilita acceder al material que se estudió previamente, lo que a su vez lleva a un mejor entendimiento de la imagen global y, por ende, a un entendimiento más profundo.

Eso también explica el fenómeno contrario. Cuando viajo me resulta casi imposible concentrarme para estudiar o para preparar una clase. Para explicar esto creé todo un nivel de racionalizaciones sofisticadas (desde mi enfoque en la tarea que me ocupa hasta mi devoción por mis hijos o mi inversión en el programa que organizo mientras estoy lejos de casa). Pero creo que la respuesta es mucho más simple y está en este nuevo (y antiguo) conocimiento psicológico: no tengo mi "lugar fijo". No tengo mi "tiempo fijo". No tengo la tranquilidad mental necesaria para estudiar, porque no estoy en mi lugar habitual.

¡Qué alivio! ¡Pensé que se debía a que me estoy volviendo vieja! O que me distraigo con facilidad… Me siento aliviada. Y motivada a encontrar una solución.

Ahora sé que no debo cambiar mi lugar en la casa, sino seguir estudiando en el lugar en donde me puedo concentrar mejor (incluso con el riesgo de manchar con tinta nuestra nueva mesa de comedor. Sí, sigo escribiendo con bolígrafo). Ahora que lo pienso, probé un lugar diferente (como deferencia a la mesa) y fue un completo fracaso.

Asimismo, debo crear algunas herramientas, reglas fijas y experiencias que me permitan ser productiva en el estudio mientras estoy fuera de casa. No puedo simplemente aceptar que el tiempo que paso viajando (incluso si es por negocios) no pueda aprovecharse también para estudiar. Sólo necesito descubrir cómo crear un ambiente propicio, uno que no será lo mismo que en casa, pero que quizás pueda ser mi lugar “fijo” de viaje. Parece una contradicción, pero creo que hay potencial. Y por lo menos descubrí la fuente del problema, lo que constituye el primer paso para resolverlo.