Ha sido una época intensa —el mes de Elul, Rosh HaShaná, Iom Kipur— todo el trabajo espiritual, todo el esfuerzo físico.

Pero, como solía enseñarnos Rav Weinberg, no hay descanso para los judíos, siempre debemos estar aprendiendo y creciendo. Lo que podemos hacer es “cambiar el canal” (que no es lo mismo que grabar la programación para verla más tarde).

Podemos estudiar algo diferente. Podemos cambiar el enfoque de nuestro aprendizaje. Podemos crecer y estirarnos de otra forma, concentrarnos en una nueva área.

La fiesta de Sucot —que viene inmediatamente después de Iom Kipur— nos provee esta oportunidad.

Es una fiesta como ninguna otra, no solamente es llamada “la época de nuestra alegría” (no es su característica más distintiva dado que todas las fiestas son supuestamente alegres, sin embargo aquí, la alegría es la esencia) sino que dejamos nuestros hogares y nos mudamos afuera a una cabaña improvisada. Cubrimos las paredes con decoraciones simples que nuestros hijos y nietos hicieron en la escuela y todos “vivimos” afuera por una semana: comemos ahí, estudiamos ahí, y, dependiendo del clima y de la seguridad, dormimos ahí.

Sucot es “cambiar de canal”. Nos enfocamos en la vasta diferencia entre nuestras necesidades básicas (lo que usamos en nuestra Sucá) y nuestros deseos (los muebles, joyas, etc., etc., que quedan dentro de la casa). Es la culminación de la experiencia de Rosh HaShaná de coronar a Dios como Rey cuando vivimos solamente bajo Su protección por una semana (sí, siempre estamos solamente bajo Su protección pero en Sucot esto es más real y evidente).

Y la fiesta de Sucot nos empuja a vivir fuera de nuestra zona de comodidad, sin las paredes, las cerraduras y la sensación de estabilidad que provee el mundo material que usualmente nos reconforta. En las Altas Fiestas tomamos decisiones sobre crecimiento y cambio. No es fácil mantenerlas, incluso cuando planificamos acordemente.

Los detalles de la vida diaria se entrometen. Nuestro cuerpo nos arrastra hacia abajo. Regresamos a los antiguos patrones.

Sucot nos ayuda a prevenir esto, sacándonos completamente de nuestro mundo de ilusión, de nuestra falsa comodidad.

“Ven afuera”, dice Dios, “deja de lado tu iPad, deja de trabajar en la cocina (está bien, todavía hay mucho de eso en Sucot), deja de buscar estabilidad en tus cómodos sillones. Sal de tu zona de comodidad para que puedas fortalecer nuestra relación, para que puedas realizar un cambio”.

Somos criaturas que buscan la comodidad. Debemos hacer un esfuerzo para movernos más allá de nuestras necesidades y deseos físicos. No es fácil. La inercia es muy fuerte.

Entonces Dios nos da un empujón. “Múdate afuera conmigo. Ven a sentarte bajo las alas de Mi presencia, experimenta Mis nubes de gloria. Es momento de dejar atrás el mundo material”.

No para siempre. Sólo por una semana.

Y deja que la alegría de esa experiencia te acompañe todo el año.