Fui a la biblioteca local la semana pasada. Mi familia y yo somos frecuentes usuarios de la biblioteca, ¡y estamos muy contentos de que los hábitos de nuestra comunidad convencieron recientemente a la ciudad de cerrar la biblioteca los sábados y abrirla los domingos en vez!

Pero por más encantada que estoy con esta decisión, eso no es lo que motivó esta columna. El otro día, me di cuenta que un libro que yo había devuelto (en realidad un libro en CD; ¡mi secreto para subirme a la caminadora cada día!) estaba marcado como “atrasado”. Algo estaba mal.

Yo soy una figura familiar para la bibliotecaria en el escritorio de recepción. Pero este problema cayó en manos de la bibliotecaria de referencias con quien yo no tenía ninguna relación previa.

Le expliqué la situación y mientras ella llamaba a la sucursal de la biblioteca a la que pertenecía el libro, yo fui (por sugerencia de ella) a buscar en los estantes para ver si quizás había sido clasificado incorrectamente y estaba en esta sucursal. Por supuesto, ahí estaba. Yo estaba emocionada de cuán fácil había sido encontrarlo. Resuelto el misterio, aclarado el problema, los CD's estaban ahora en camino a su hogar correspondiente.

Todos contentos – bueno, no precisamente.

“Dado que no sabemos cuando fue devuelto el libro”, me informó la bibliotecaria, “usted aún tendrá que pagar una multa”. Voy a confesar directamente que la multa era mínima (USD$1.40) y era, como dicen, “una cuestión de principios”. Yo estaba desconcertada y (cortésmente) lo expresé. "Estoy confundida; si es error de ustedes, ¿por qué tengo que pagar yo la multa?".

"No es nuestro error", afirmó ella. "Pero reduciré la multa a la mitad".

No iba a discutir por 70 centavos. Pagué y me fui. Pero aún estaba confundida. Si no era culpa de ellos, ¿cómo llegó entonces el libro al estante? ¿Quién tenía la culpa?

Yo ciertamente no podía haberlo hecho. Entonces me di cuenta de que esa era la única otra posible explicación. ¿Estaba ella realmente sugiriendo que, para tratar de ahorrarme $1.40 yo había entrado con los CD's, los había puesto en el estante incorrecto a propósito y luego había ido donde ella con mi falsa tragedia? No podía creerlo. No soy tan creativa y francamente una acción como esa nunca se me hubiera ocurrido. E incluso, si en algún salvaje y diabólico momento se me hubiera ocurrido, con certeza nunca lo habría hecho.

¿Ella asume que los clientes de la biblioteca son deshonestos? ¿Qué son culpables hasta que se pruebe lo contrario? ¿Ha llegado a esa conclusión en base a la experiencia? ¿Es una actitud cautelosa o solamente una actitud cínica y desconfiada? ¿Es eso reflejo de la política de la biblioteca o sus visiones individuales de la humanidad?

De cualquier forma yo estaba preocupada y entristecida con la experiencia. Me encanta ir a la biblioteca. Valoro enormemente el servicio público que proveen. Y odio pensar que las bibliotecarias ven a los usuarios como falsos criminales en vez de lectores entusiastas.

La bibliotecaria jefe necesita entrenar a sus empleados a ser más cuidadosos cuando regresen los libros a los estantes. Y ella necesita entrenarse a sí misma para otorgar a otros el beneficio de la duda. ¿Cuál es el punto de estar rodeada de todos esos libros si no estás aprendiendo las valiosas lecciones de vida que hay en ellos?