El mandamiento de honrar a los padres está realmente dividido en dos grupos de leyes: Aquellas que demuestran honor y aquellas que demuestran respeto. Sin embargo, es difícil relacionarse con estos términos – “honor” y “respeto” – en nuestra sociedad moderna y democrática, ya que ambos implican jerarquía de algún tipo.

De hecho, esto es precisamente lo que la mitzvá de kibud ab va em (honrar a los padres) implica: jerarquía. Al actuar como si existiera una diferencia entre hijos y padres, el hijo llega realmente a vivenciar esa diferencia.

El judaísmo plantea que los hijos y los padres son iguales en su valor humano pero distintos en su estatus.

El judaísmo plantea que los hijos y los padres son iguales en su valor humano pero distintos en su estatus. El padre es el representante de Dios en la tierra. El padre es responsable de enseñar los valores al hijo y la forma apropiada de vivir. A un hijo que honra a sus padres se le considera como que honrara a Dios mismo, que nos da la vida y nos dirige.

En la familia judía, los padres asumen el rol de liderazgo. Puede ser que no siempre estén en lo correcto y ciertamente no son perfectos, pero ellos están a cargo. Ellos harán lo mejor posible para guiar a sus hijos por el camino correcto.

Al enseñar a nuestros hijos cómo honrar a sus padres, les estamos dando herramientas que les ayudarán a garantizar el éxito en sus relaciones durante toda su vida.

Leyes de Respeto

Las leyes de respeto nos exigen – sin importar nuestra edad – que tratemos a nuestros padres de la forma en la que trataríamos a un rey o una reina. Las leyes mismas son simples de cumplir pero su impacto en el desarrollo de la personalidad de un niño es enorme, tal como veremos más adelante.

Aquí está el informe básico de las leyes:

  • No te sientes en la silla de tus padres.
  • No llames a tus padres por su primer nombre – utiliza un título como “Mami” o “Aba”.
  • Siempre debes utilizar un tono agradable de voz cuando le hables a tus padres.
  • Evita interrumpir cuando tus padres están hablando.
  • No contradigas de forma directa a tus padres (puedes preguntar en forma respetuosa si es necesario).
  • No corrijas o avergüences a tus padres.
  • No discutas con tus padres.
  • No desobedezcas a tus padres.
  • No confirmes la opinión de un padre que está hablando con otra persona.
  • No empieces a comer antes de que tus padres lo hagan.
  • No te retires sin el permiso de tus padres.
  • No camines delante de tus padres.
  • No despiertes a tus padres a menos que ellos te lo pidan.

Leyes de Honor

Las leyes de honor nos enseñan – sin importar nuestra edad – a comportarnos de la forma como se comporta un sirviente delante de su jefe. Podemos ver a partir de las leyes que actuar de esta manera demuestra honor a aquél que tiene un estatus mayor:

  • Busca oportunidades de servir y ayudar a tus padres (por ejemplo: deja que se sienten mientras tú les traes comida).
  • Preocúpate de levantarte y saludar a tus padres cuando entren a la casa.
  • Escolta a tus padres cuando se van (di “hasta luego”). Párate cuando tus padres entran al cuarto.
  • Donde haya sólo una silla, ofrécela a tus padres en vez de tomarla para ti.

Inculcando en la Casa

Todos estos comportamientos enseñan a un niño habilidades de relación esenciales. Cuando un niño practica estos comportamientos por 20 años con sus padres, él adquiere una conciencia profunda de la sensibilidad interpersonal. Veamos cómo sucede esto.

Imagina un escenario donde una mujer está tratando de tener una breve conversación con su marido. Su hija Dahlia “simplemente no puede esperar” y siente que necesita jalar de la falda de mamá, lloriqueando “¡mami, mami!” mientras mami trata de hablar con papá. Por supuesto si hay una real emergencia (alguien está sangrando…), ese comportamientos es aceptable. Sin embargo, si la niña simplemente siente que su necesidad de pedirle algo a mami justo ahora es más importante que la necesidad de mami de conversar con su marido, entonces algo está mal.

Si mami dejara de hablar con papi para responder a su insistente hija, entonces ella estaría enseñando a su hija que “ella no espera que la niña sea capaz de esperar por algunos minutos para hacer su pedido”. Además, mami estaría enseñando, “eres de hecho la persona más importante del cuarto. La necesidad de nadie es más importante que la tuya”.

En vez de esto, la madre puede utilizar un momento apropiado (más tarde, cuando tenga la atención completa de la niña), para enseñarle que evite interrumpir excepto en casos de gran necesidad y/o emergencias. Entonces, en una futura ocasión, cuando la niña logre esperar unos pocos minutos en vez de interrumpir, la mamá puede alabar y agradecer a su hija por la paciencia, el autocontrol, la madurez y la consideración por otros. La retroalimentación positiva es la forma más fácil y más placentera de enseñar a un niño cómo cumplir con los mandamientos de honrar a los padres.

La mitzvá de no interrumpir a los padres ayuda también al niño a aprender humildad – la característica del carácter que es más preciada en todo el judaísmo. La humildad nos permite aprender de otros (en vez de ser el “sabelotodo”), nos permite reconocer nuestros errores (en vez de necesitar estar siempre en lo correcto) y nos ayuda a entender a los otros de una mejor manera (en vez de ver las cosas sólo desde nuestra perspectiva). Es una cualidad que nos hace queribles y agradables. Al tener que esperar un poco, un niño debe reconocer que él no es el único con necesidades. Sus padres también tienen necesidad de comunicarse entre ellos. Incluso un niño muy pequeño puede empezar a desarrollar la sensibilidad a los sentimientos de otros al aprender a no interrumpir a sus padres.

Veamos una mitzvá para poder entender el impacto de estas reglas en la personalidad de un niño. Vamos a enfocar nuestra atención en el mandamiento de no empezar a comer antes que los padres. Imagínate un ocupado grupo familiar. Mami hace la comida, la sirve y todos se abalanzan sobre ella. Para el momento en que ella se siente, prácticamente habrán terminado de comer.

¿Es lindo? ¿Qué nos dice sobre mamá? ¿Es acaso, una simple sirvienta u otro tipo de persona poco importante?

Vamos a suponer que la familia siguió la ley judía de esperar a que los padres empiecen a comer. Mamá hace la cena, la sirve y se sienta. Todos, incluyendo al papá, esperan a que ella levante su tenedor para dar el primer bocado. Todos, incluyendo a los niños pequeños, logran sentarse en frente de sus platos llenos y realmente esperar algunos minutos hasta que mamá termine de servir la comida. Ellos esperan porque respetan a esta tan importante persona.

Ahora, ¿Cómo se siente mami?

La mitzvá le enseña al niño:

  • Autocontrol (él realmente tiene que esperar antes de lanzarse a comer su comida incluso si está “hambriento”).
  • Humildad (él no es la persona más importante en la mesa).
  • Agradecimiento (mamá hizo la comida la sirvió y merece reconocimiento).
  • Sensibilidad (mamá no quiere quedarse fuera, no quiere que la vean como la persona que hace todo el trabajo pero que no es lo suficientemente importante como para ser parte de la comida).
  • Cuando un niño espera hasta que sus padres empiecen a comer, está en el camino a convertirse en el tipo de persona que piensa en los otros. Esto le ayudará a ser un mejor hijo, un mejor amigo, un mejor esposo y dondequiera una mejor persona. 
Honrar a los padres le ayudará a ser un mejor hijo, un mejor amigo, un mejor esposo y una mejor persona.

Así como con todas las leyes de honrar a los padres, depende de los padres enseñarlas y reforzar las nuevas conductas. Enseñar puede ser hecho en cualquier momento agradable. La lección puede ser expuesta en términos judíos con referencias al Talmud para los que les interesa eso (“La Torá nos enseña que es una mitzvá de kibud ab va em, evitar comer antes que los padres empiecen a hacerlo…”) o se puede exponer sin ninguna referencia al judaísmo (“los niños deben esperar antes de comer que sus padres lo hagan y los invitados deben esperar a sus anfitriones – se llama 'buenos modales'”).

Luego, de la misma forma como motivan otros comportamientos deseables, los padres deben tratar de encontrar a los niños haciendo lo correcto. Pueden alabar grandemente y motivar e incluso premiar los comportamientos con sonrisas, palmaditas en la espalda, dulces o regalos. Utilizando técnicas que hagan sentir bien al niño, los padres van a descubrir que sus hijos realmente disfrutan aprender y cumplir la mitzvá de honrar a los padres. A los niños pequeños las mitzvot les van a parecer naturales y fáciles de hacer. Los niños mayores que han hecho cosas diferentes en su primera década de vida, van a necesitar de entendimiento y paciencia de parte de los padres – los viejos hábitos son difíciles de desarraigar.

El enojo no tiene lugar en el programa de instrucción de un niño mayor. En vez, la motivación amable y el reconocimiento positivo ayudan al niño y a los adolescentes a querer mostrar respeto. Interesantemente, los niños realmente se sienten bien cuando hacen estas mitzvot; cuando actúan dignamente se sienten dignos. En vez de sentirse agobiados por las responsabilidades agregadas, los niños se sienten aliviados y con un profundo sentimiento de seguridad - se siente correcto tratar a los padres con respeto. Se siente bien ser un mensch.