Todos conocemos amigos, familiares o incluso parejas famosas, que pensamos que iban a estar juntos por siempre. Pero de alguna manera esos matrimonios no fueron lo que podrían haber sido. No duraron. En vez de acercarse mutuamente con los años, se alejaron cada vez más.

Muchos maridos y esposas se encuentran viviendo más con un “compañero de cuarto” que con un “compañero de vida”. Y nos preocupamos, si les pasó a ellos entonces también nos puede pasar a nosotros…

¿Qué podemos hacer para asegurarnos de que nuestro matrimonio no fracase? ¿Dónde quieres que esté tu matrimonio en cinco años más?

Aquí hay tres consejos para ser compañeros de vida por siempre.

1. Viajen juntos

La Torá nos entrega gran sabiduría y nos enseña cómo mantener nuestro matrimonio vivo.

Nuestro padre Abraham y su esposa Sara se enfrentaron a muchas presiones y dificultades. Se les pidió que abandonaran todo lo que les era familiar, enfrentaron la infertilidad, y sostuvieron creencias revolucionarias para la época que eran peligrosamente inaceptables.

Fue el viaje más desafiante. Pero viajaron juntos. Continuaron poniéndose metas y llegaron hasta la edad de 90 y 100.

Los compañeros que comparten el sentido de un propósito mayor crean un legado en conjunto. Se sostienen el uno al otro y viven la vida con pasión.

Estudien juntos. Persigan aspiraciones espirituales. Vivan una vida con sentido.

Sí, van a haber tiempos difíciles y momentos desafiantes. Van a haber noches en las que te quedarás despierto, con tu corazón latiendo fuerte, “¿Qué deparará el futuro?”. Pero si reconoces que no estás solo en este viaje, el camino elegido no será tan arduo.

El matrimonio perfecto no es aquel que no tiene dificultades y estrés. Es aquel en el cual aprendemos a extender nuestras manos y a caminar juntos. Encontrarás que es imposible renunciar cuando has invertido todo tu corazón y tu alma en el otro y se han nutrido mutuamente con esperanza y fe.

2. Comuníquense con respeto

Conozco parejas que casi siempre se comunican a través de mensajes de texto. Maridos y esposas pueden pasar dos o tres días sin tener una conversación real. Y cuando finalmente tienen un par de minutos juntos, sus dedos están debajo de la mesa, con la blackberry. Están ocupados conectándose con todos, menos con la persona en frente de ellos.

¿Tú sabes lo que eso le comunica a tu pareja?

“Tú no eres lo suficientemente importante para mí como para mirarte”.

Ahora, ¿cómo piensas que se siente tu pareja?

Después de una conferencia sobre autoestima, una joven mujer se acercó a hablar conmigo.

“Es exactamente como tú lo describes. Mi esposo llega de la oficina y su blackberry está atascada en sus dedos. Olvídate de ver a los niños o de cenar juntos. Ya me di por vencida en eso. Estoy solamente luchando por tener tiempo juntos. Él entra a la casa y me dice que tiene 37 emails que responder; no hay tiempo para conversar. Creo que ya no recuerda como me veo”.

¿Nuestro matrimonio puede continuar si ya ni siquiera tenemos tiempo de mirarnos?

¿Como es posible sentir amor si mi pareja no es capaz de apagar la blackberry y encender nuestra relación?

Esto va mucho más allá de los consejos de los expertos de tener por lo menos una cita semanal. Esto se trata del acto fundamental de comunicarse con respeto.

La directora de una escuela primaria me dijo una vez que cuando hay un niño que tiene “carácter fuerte” y demuestra jutzpá (insolencia), ella llama a los padres para una reunión en su oficina. Muy seguido ocurre que en el momento en que la pareja se sienta, ella ve la raíz del problema. Marido y mujer no se miran, no se escuchan y se responden con palabras sarcásticas.

¿Cómo puede un niño hablar con respeto si es testigo constante de la falta de respeto de sus padres?

¿Por qué no va a mirar mal a una autoridad o ignorar a sus profesores si ésta es la manera normal de comunicación en su casa?

Cuando nos comunicamos con respeto, estamos marcando el tono para que toda la familia se trate con consideración. Los padres se hacen un daño a sí mismos cuando los hijos crecen viéndolos comunicarse a través de palabras insolentes y gestos inapropiados.

3. No tomes al otro por sentado

A menudo me siento al lado de un marido o esposa, y escucho la siguiente conversación:

“¿Tú eres la Sra. S?”.

La mujer responde con un gesto de afirmación.

“Oh Dios mío, ¡tu esposo es increíble! Es el tipo más cariñoso que hay en la oficina”.

“¿Tú eres el Sr. B? ¡Wow! ¡Tu esposa es la mujer con más paciencia que conozco! Ella siempre tiene una sonrisa, sin importar qué”.

Y cuando la persona que dijo el comentario se va, veo a la otra persona murmurando en silencio, “Si tan sólo supiera como es en casa”.

Nosotros guardamos nuestro mal humor e inconformismo para los que significan más para nosotros. Ponemos caras brillantes y voces suaves para nuestros amigos y compañeros de trabajo, pero dejamos que nuestras parejas se traguen nuestro malestar. Sarcasmo, miradas miserables y falta de apreciación corroen los cimientos del paraíso que llamamos “hogar”.

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Las siguientes palabras pueden sonar simples pero pueden cambiar nuestra vida.

No dejes pasar un día sin decir “Te amo”.

Tómate un momento y dile a tu pareja “Gracias”, una palabra o un gesto amable, una sonrisa alentadora.

No te puedes imaginar lo mucho que esto significa para tu matrimonio.

Las pequeñas expresiones de amor te anclarán y te sostendrán a través de los desafíos de la vida. Construirás un vínculo verdadero que te permitirá vivir con bendiciones y alegría mientras viajas junto con tu alma gemela en este mundo.